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viernes, 21 de febrero de 2014

El naufragio más antiguo del Océano Índico

Mapa de la localización del yacimiento y sus alrededores en Godavaya, Sri Lanka.

El naufragio más antiguo conocido del Océano Índico ha yacido en el lecho marino frente a la costa meridional de Sri Lanka durante unos 2000 años. Hace apenas un par de semanas que los arqueólogos submarinistas han empezado una excavación del yacimiento que llevará meses, en busca de pistas sobre el comercio entre Roma y Asia durante la antigüedad.

El pecio se encuentra a 33 metros bajo la superficie del océano, justo enfrente del poblado pesquero de Godavaya, donde unos arqueólogos alemanes descubrieron en la década de los 90 un puerto que era importante en la Ruta de la Seda marítima durante el s. II d. C.

El navío hundido, descubierto hace solo una década, no se parece al casco esquelético típico. En vez de eso, los arqueólogos se enfrentan a un montículo endurecido de barras de metal corroídas y antigua carga dispersa, incluyendo lingotes de vidrio y cerámica, que han rodado por el fondo oceánico durante cientos de años empujados por fuertes corrientes y quizás incluso algún tsunami. En consecuencia, todo está bastante roto, afirmó Deborah Carlson, presidenta del Instituto de Arqueología Náutica de la Universidad A&M de Texas, que dirige la expedición al pecio de Godavaya con colegas de los Estados Unidos, Sri Lanka y Francia. Pero por revuelto que esté, el barco hundido podría cubrir un hueco en las pruebas conservadas del comercio que llevaba metales y lujos exóticos como la seda de Asia al mundo romano.

Godavaya, nexo comercial clave

Ejemplo de cerámica encontrada en el pecio de Godavaya.
El área de Godavaya ha estado habitada desde hace unos 7000 años. En agosto de 2008, se descubrió un esqueleto humano del 5000-3000 a. C. (aún no ha sido datado por C14) en una cantera abandonada, junto con herramientas de piedra y hueso. En honor del descubridor del yacimiento, el arqueólogo alemán Oliver Kessler, los esqueletos fueron llamados Olli 1-3.

El asentamiento de Goda Pavata Pattana se encontraba en la península situada entre el puerto interior sobre el río Walawe y el puerto marítimo de la bahía de Godavaya. El comercio era un componente importante en la economía de la antigua Sri Lanja, y Godavaya fue un asentamiento costero importante del reino de Ruhuna.

El puerto de Godavaya es probablemente anterior a una inscripción en brahmi de un rey Gamani Abaya del s. II d. C., probablemente Gajabahu I, que afirma que los pagos aduaneros obtenidos allí estaban dedicados al monasterio budista, el Godapavata Vihara. Sin embargo, en el capítulo sobre “Los Doce Reyes” del Mahawamsa se sostiene que el vihara de Gotapabbata era uno de los siete monasterios que Mahallaka Naga construyó tras la muerte de su yerno Gajabahu.

En la antigüedad, Sri Lanka exportaba granates oscuros, que han sido encontrados decorando objetos funerarios en muchas tumbas europeas de principios de la Edad Media. Una investigación reciente ha mostrado que la mayoría de esos granates procedían de la India y Sri Lanka. Godavaya tenía fácil acceso a través del río Walawe a la zona de minas de gemas de la cuenca de Walawe, que es una fuente de granates.

Hasta el s. VI, Godavaya fue un puerto de tránsito importante. Los barcos que traían mercancías de Occidente intercambiaban bienes con los que venían de China cargados de seda. Así, las naves no necesitaban ir más allá de Godavaya. También se intercambiaban artículos comerciales en la ruta fluvial del Walawe y por otras sendas terrestres.

Godavaya fue el puerto de la capital meridional del s. XI, Maha Nagakula, que se encontraba a orillas del río Walawe.

A partir de 1994, un equipo de arqueólogos alemanes de la Universidad de Bonn, dirigidos primero por el difunto doctor Helmut Roth, después por el Dr. Udo Recker (1994-6) y finalmente por Oliver Kessler (a partir de 1997), llevó a cabo unas excavaciones en Godavaya colaborando con el Departamento Arqueológico de Sri Lanka (bajo el mando de su Director General, el Dr. W. H. Wijeyapala) y el DAI (Instituto Arqueológico Alemán). Desenterraron pruebas de la importancia de Godavaya en la Ruta de la Seda marítima, revelando conexiones con China al este y con el Mar Rojo y el Mediterráneo al oeste.

Entre los hallazgos se encuentran:
  • Cerámica persa sasánida y china.
  • Monedas romanas.
  • Cuentas y brazaletes.
  • Ladrillos con marcas gremiales en forma de O.
  • Un antiguo muelle de desembarco construido con pilares de piedra de hasta 3’5 m. de altura.
  • Una gran ancla de piedra descubierta bajo el agua.
Los eruditos creen que el comercio entre Oriente y Occidente se intensificó después de que Roma se anexionase Egipto en el s. I a. C., obteniendo acceso al Mar Rojo y a través de este al Océano Índico. Las rutas comerciales están documentadas en fuentes literarias e históricas, afirmó Carlson, tales como el Periplo del Mar Rojo, un manual en griego del s. I d. C. que explica a los marineros que zarpan del Mediterráneo y el Mar Rojo a dónde ir en el Océano Índico y que llevar, comprar y vender. Solo faltan las naves que realizaban dicho comercio.

Carlson dijo que probablemente no encontrarían ninguna prueba definitiva de que el barco condenado se dirigía a Roma (como probablemente tampoco podrán decir cómo encontró su fin la embarcación, aunque Carlson, que describió las corrientes que impidieron muchos de los intentos de inmersión del equipo el año pasado como "infames", sospecha que el agitado mar tuvo que ver con ello). Pero los descubrimientos en la nave hundida podrían al menos ayudar a ilustrar el papel de Sri Lanka como "eje" de este comercio, ya que muchos de los bienes que pasaban por la isla alcanzaban el Mediterráneo, aseveró Carlson.

Estado del pecio

Imagen del montículo de restos del barco hundido.
Los primeros rastros del naufragio de Godavaya fueron descubiertos en 2003, cuando un pescador local se sumergió en el sitio y regresó con artefactos antiguos, incluyendo una piedra de amolar con forma de banqueta o mesita. Piedras parecidas se han encontrado en stupas budistas ricas en reliquias, dijo Carlson.

Carlson vio por primera vez el pecio en persona en 2010. Ella y sus colegas documentaron parcialmente los restos en tres campañas exploratorias sucesivas entre 2011 y 2013. La mayor parte de los objetos encontrados alrededor del barco hasta el momento parecen productos locales, muchos de ellos sin elaborar. Hay más piedras de amolar de aspecto budista, lingotes de hierro y cobre (o lo que queda de ellos tras la corrosión) y lingotes de vidrio verde-azulado y negro, que se originaron en la costa tamil del sur de la India y que habrían sido fundidos para crear nuevos recipientes.

Para determinar la edad de la nave, Carlson y su equipo tomaron tres muestras de delicada madera atrapada en el montículo y las enviaron a dos laboratorios distintos para su análisis. Los fragmentos de madera, probablemente restos del antiguo buque, datan al menos del s. I a. C. o d. C.

"Era bastante escéptica cuando vi este pecio por primera vez en 2010. Creí que no había forma de que esta cosa fuese antigua", dijo Carlson. "Pero tomamos estas muestras de madera y me quedé algo pasmada al recibir los resultados."

La arqueóloga submarina Deborah Carlson, que dirige el equipo de excavación.
El montículo cubre un área de unos 6 x 6 metros, aunque el equipo ha sido incapaz de determinar exactamente dónde empieza y dónde acaba exactamente el naufragio durante sus cortas exploraciones del yacimiento. Este año tendrán más tiempo para investigar: si el tiempo lo permite, el equipo espera empezar a sumergirse a mediados de este mes y continuar trabajando hasta mayo.

Además de determinar una silueta sólida del pecio, Carlson espera que ella y sus compañeros sean capaces de asegurar un pedazo del montículo submarino, subirlo a la superficie y tamizar su contenido en una piscina, buscando monedas, posesiones personales y cualquier otra cosa atrapada en el sedimento. A partir de jarras cerradas de cerámica, el equipo podría incluso ser capaz de recuperar antiguos materiales botánicos, como polen, que podría indicar en qué época del año estaba navegando el barco.

El proyecto ha recibido financiación de la Donación Nacional para las Humanidades. Además de sus colegas del Instituto de Arqueología Náutica, Carlson está colaborando con investigadores del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia, la Universidad de California, Berkeley y el Departamento de Arqueología de Sri Lanka.

Fuentes

martes, 4 de febrero de 2014

Ritos Lupinos del Invierno

Los arqueólogos encontraron huesos cortados de perro y lobo dispersos por el pequeño asentamiento de la Edad del Bronce de Krasnosamarskoye, Rusia.

Hace unos 4000 años, en las estepas al norte del Mar Negro, un pueblo nómada empezó a asentarse en pequeñas comunidades. Conocido hoy día como la Cultura de las Tumbas de Madera, este pueblo nos dejó más de mil yacimientos. Uno de ellos se llama Krasnosamarskoye, y el arqueólogo David Anthony del Hartwick College tenía grandes esperanzas puestas en él cuando empezó a excavarlo a finales de los noventa. Anthony esperaba poder descubrir por qué la gente de esta región empezó a establecer sus primeros hogares permanentes. Pero desde entonces él y su equipo han descubierto que Krasnosamarskoye tenía una historia muy distinta que contar: el yacimiento contenía los restos de docenas de perros y lobos descuartizados, muchos más que en ningún otro yacimiento comparable.

Nerissa Russell, la arqueozoólogoa del proyecto, dice: "Recuerdo haber dicho al principio de la excavación que estábamos encontrando muchos huesos de perro. Pero no tenía ni idea de lo importantes que resultarían ser." Cuando el equipo se puso a trabajar en el análisis de todos los huesos de animal en el laboratorio, identificaron los restos de unos 51 perros y siete lobos, así como siete caninos que no pudieron ser clasificados con seguridad. En otros yacimientos de la Cultura de las Tumbas de Madera, los huesos de perro y lobo nunca superan el 3% del total de huesos animales encontrados. En Krasnosamarskoye, componían más del 30%. "No conozco ningún otro yacimiento en el mundo con un porcentaje tan alto de huesos de perro", dice Russell. Ella y su equipo descubrieron que la mayoría de los perros eran inusualmente longevos, de hasta doce años de edad en algunos casos, lo que significa que probablemente no eran criados para ser comidos. "¿Eran mascotas queridas, perros de caza, o parias? No lo sabemos," dice. "Pero son tan viejos que estos perros habían acompañado a estas gentes y establecido algún tipo de relación con ellas."

Piezas de cráneo de perro del yacimiento fueron cortadas en trozos pequeños y estandarizados con un posible significado ritual.

Para aumentar el misterio, los huesos estaban cortados de una forma inusual y sistemática que no se parecía a las prácticas habituales de carnicería. El hocico era dividido en tres pedazos y el resto del cráneo era partido en fragmentos geométricos de solo una pulgada de largo. Nadie habría hecho esos cortes solo para sacar la carne de los huesos.

Anthony y su esposa, la arqueóloga Dorcas Brown, sabían que era un descubrimiento único. Brown, en particular, sospechaba que los cánidos eran probablemente sacrificados allí como parte de un ritual y decidió examinar la literatura historiográfica sobre rituales relacionados con perros. Lo que descubrió era que había todo un historial de trabajo sobre esas antiguas prácticas. En una jugada inusual para los arqueólogos prehistóricos, decidieron consultar a los lingüistas históricos y a las antiguas tradiciones literarias para entender mejor el registro arqueológico.

Una placa vikinga de bronce del s. VI d. C. representa a una figura con casco que podría ser el dios Odín bailando con un guerrero que viste una máscara de lobo.

Sabían que la gente que vivía en Krasnosamarskoye hablaba con casi total seguridad una lengua indoeuropea. Esta enorme familia lingüística comprende hoy día a casi todos los idiomas europeos y a muchos de los asiáticos, como el hindi. Todos ellos son "hijos" de una lengua que probablemente se hablaba en las estepas euroasiáticas entre el 4500 y el 2500 a. C. Los lingüistas históricos lo llaman Protoindoeuropeo. Comparando palabras de todas las lenguas indoeuropeas antiguas y modernas, han sido capaces de reconstruir una gran cantidad del vocabulario de esta lengua largo tiempo muerta. No solo han recuperado (y rastreado a través de estas antiguas culturas indoeuropeas) términos tan variados como las palabras "padre", "cabeza" y "trueno", sino que también pueden sacar deducciones sobre estas culturas a partir de ese vocabulario.

A pesar del colorido cuadro de la vida antigua que se puede obtener de esta forma, muchos arqueólogos dudan en confiar en las raíces de palabras y conceptos del Protoindoeuropeo. "Esta es la clase de información que los arqueólogos prehistóricos normalmente matarían por tener", dice Anthony, "pero generalmente se distancian de la lingüística indoeuropea porque no ven cómo pueden combinar las dos clases de datos." Anthony ha pasado buena parte de su carrera intentando convencer a sus colegas de que los esfuerzos de los lingüistas y mitólogos no deberían ser ignorados. "Estoy interesado en combinar las pruebas lingüísticas y mitológicas con las arqueológicas", dice. "Estas raíces contienen información sobre el parentesco, los sistemas de honor y deuda, el poder y las festividades. Deberíamos estar minando este vocabulario para averiguar qué pasaba por sus cabezas."

Así, sin haber consultado estas fuentes lingüísticas, muchos arqueólogos se habrían dado por satisfechos sabiendo simplemente que los perros habían sido sacrificados. Pero la pasión de Brown y Anthony por aplicar las pruebas lingüísticas a los descubrimientos arqueológicos les hizo profundizar. "Creo que es una suerte que fuéramos nosotros quienes excavamos el yacimiento", dice Anthony.

Brown siguió investigando la literatura sobre las ceremonias indoeuropeas en busca de información sobre perros que pudiese arrojar pistas sobre qué clase de ritual estaba siendo practicado en Krasnosamarskoye. Descubrió que los lingüistas históricos y los mitólogos asociaban desde hacía mucho el sacrificio de perros a una importante tradición de los antiguos indoeuropeos: las partidas de guerra errantes juveniles.

En las tradiciones de los antiguos celtas, germanos, griegos e indo-iranios, los hombres jóvenes solían abandonar sus familias para formar sociedades guerreras. "Estos eran chicos jóvenes al borde de la sociedad que de vez en cuando robaban vacas, y uno preferiría que se largaran a robar las vacas de otro", dice Anthony. "Así que eran expulsados de sus grupos sociales y enviados a saquear otras comunidades." En las tradiciones germánicas, estas bandas de jóvenes guerreros se contemplaban a sí mismas como manadas de lobos. Un famoso mito sobre el héroe Sigfrido describe cómo él se viste con una piel de perro para ir de incursión con su sobrino, al que está instruyendo como guerrero. En el Rigveda, un antiguo texto en sánscrito compuesto en algún momento anterior al 1000 a. C., los hombres jóvenes solo podían convertirse en guerreros tras sacrificar un perro en una ceremonia invernal y vestir su piel durante cuatro años, la cual quemaban a su regreso a la sociedad.

Estas enigmáticas estelas datadas en torno al 1300-1000 a. C. fueron halladas en una tumba cerca de Nivik, Suecia. Una (la segunda por la izquierda) podría representar a un duradero rito iniciático indoeuropeo llevado a cabo por los chicos que accedían a la clase guerrera. A lo largo de la base, ocho figuras encapuchadas siguen a un líder. El número ocho pudo haber tenido algún significado especial para las partidas de guerra juveniles indoeuropeas.

La institución de las bandas guerreras juveniles dedicadas a las incursiones estacionales está tan extendida en las culturas indoeuropeas que los lingüistas históricos y mitólogos concluyeron que tenía que haber sido una gran tradición protoindoeuropea, y que estos jóvenes se convertían en guerreros durante un ritual a mediados del invierno que incluía el sacrificio de perros. Los lingüistas incluso reconstruyeron la palabra protoindoeuropea para estas partidas de guerra: koryos. Pero, como muchas palabras e ideas protoindoeuropeas reconstruidas, faltaban pruebas físicas que demostrasen que las koryos recorrían las estepas euroasiáticas hace miles de años. Anthony y Brown, no obstante, debido al enorme número de huesos de perro y lobo del yacimiento, sospechaban fuertemente que Krasnosamarskoye podría ser de hecho uno de estos lugares de iniciación invernal de las koryos. Pero necesitaban demostrar que esta tradición reconstruida existía hace 4000 años.

Tras enviar los dientes caninos del yacimiento a la arqueozoóloga Anne Pike-Tay, que estudia las bandas de crecimiento en los dientes para determinar en qué estación morían los animales, la última pieza del puzle encajó en su sitio: fue capaz de determinar la estación de la muerte de 17 de los cánidos, y descubrió que 16 de ellos murieron en invierno. Las vacas sacrificadas en Krasnosamarskoye, por contra, morían a lo largo de todo el año. Para Anthony y Brown esta era una prueba poderosa de que las koryos existían cientos de años antes de que fuesen mencionadas por primera vez en el Rigveda.

Del mismo modo que las bandas itinerantes de jóvenes incursores jugaban un papel importante en las sociedades indoeuropeas posteriores, Anthony cree que habrían sido clave para la Cultura de las Tumbas de Madera. "Era una forma organizada no solo de controlar a jóvenes potencialmente peligrosos", dice, "sino que también era una manera de expandirse y obtener riqueza." De hecho, Anthony cree que las koryos podrían ayudar a explicar por qué las lenguas indoeuropeas se extendieron con tanto éxito. Las anteriores generaciones de estudiosos imaginaban hordas de indoeuropeos subidos en carros extendiendo sus lenguas por Europa y Asia a punta de espada. Pero Anthony cree que el indoeuropeo se extendió mediante una difundida imitación de las costumbres indoeuropeas, que incluían, por ejemplo, celebrar festines para establecer fuertes redes sociales. Las koryos simplemente habrían sido otro rasgo más de la vida indoeuropea que otros pueblos admiraron y adoptaron, junto con los propios lenguajes.

Cerca de un fortín celta en Francia, un enterramiento de hacia el 100 d. C. contenía los restos de ocho hombres y ocho caballos. El arqueólogo David Anthony cree que en la tradición indoeuropea, ocho guerreros habrían sido la composición idónea de una partida de guerra juvenil.

Desde que él y Brown empezaron a seguir la pista lingüística de las koryos, Anthony se ha encontrado otros rompecabezas tanto en el registro arqueológico como en los textos que podrían llegar a ser resueltos de una forma similar. En particular, cree que puede haber una significativa relación entre las bandas guerreras y el número ocho, ya que aparece frecuentemente. "En los textos indios de la Edad del Hierro, los chicos tienen ocho años cuando empiezan a entrenarse, y a los dieciséis son iniciados en la casta guerrera", dice Anthony. "En el mito de Sigfrido", continúa, "el héroe le dice a su sobrino que no le llame si no es atacado por más de siete hombres... osea, ocho." En una tumba de 3000 años de antigüedad de la Edad del Bronce en Kivik, Suecia, las estelas que se delimitan el interior de la cámara funeraria presentan una representación de ocho figuras encapuchadas siguiendo a un líder. "Esa podría ser una imagen de una ceremonia de iniciación", dice Anthony. En un asentamiento celta de Francia datado cerca del 100 d. C., ocho caballos y ocho hombres fueron enterrados juntos. Quizás, plantea Anthony, las koryos eran grupos idealmente de ocho jóvenes, y esa unidad básica de guerreros perduró durante largo tiempo.

Anthony espera ahora que llegue un momento en el que los arqueólogos busquen usar las pruebas lingüísticas y literarias para entender el pasado prehistórico en formas mucho más sutiles que las que ya conocen. Hace notar, por ejemplo, que koryos no es el único término para banda guerrera en el Protoindoeuropeo reconstruido. Hay otra palabra que aparentemente se usaba para referirse a un grupo mayor de guerreros que incluía a todos los adultos de una comunidad, una agrupación seguramente muy distinta. "Estos tipos de distinciones", dice, "son imposibles de sacar a la luz con una pala. No hemos hecho más que empezar a usar la información del vocabulario protoindoeuropeo para entender a la gente que lo hablaba."

Fuentes


Extraído y traducido de http://www.archaeology.org/issues/issues/1309/features/timber-grave-culture-krasnosamarskoe-bronze-age. Artículo escrito por Eric A. Powell.

lunes, 3 de febrero de 2014

Broche celta robado por vikingos descubierto en un museo

El broche céltico robado por los vikingos y redescubierto en la colección del museo.

Un tesoro céltico saqueado por los vikingos hace más de mil años ha sido descubierto en los almacenes del Museo Británico. Un ornamentado broche en forma de disco bañado en oro del s. VIII o IX d. C. fue hallado por accidente y está siendo descrito como "un hallazgo impactante". Nadie sabía de su existencia hasta ahora.

Había quedado oculto en un trozo de material orgánico tomado de la excavación de un yacimiento funerario vikingo en Lilleberge (Noruega) por un arqueólogo británico en los años ochenta del s. XIX y adquirido por el Museo Británico en 1891.

El procurador Barry Ager, especialista en vikingos, estaba examinando atentamente algunos artefactos antes de la visita de un noruego que estaba investigando el yacimiento cuando le llamó la atención un trozo de metal que asomaba por un lado de la muestra orgánica.

Intrigado, le pidió al departamento de conservación que lo radiografiase. "En ese momento, no sabía en absoluto qué había dentro", dijo. "Fue un hallazgo impactante. Resultó, sorprendentemente, que era este disco celta... Es extremadamente excitante... Es un ejemplo muy raro de este tipo de objetos en la colección... Muestra el contacto entre las Islas Británicas y Noruega en el periodo vikingo: los objetos eran saqueados como botín en este país y traídos en el viaje de regreso."

Cree que fue fabricado originalmente en Irlanda o Escocia, que vino de un santuario o relicario, y que los vikingos lo convirtieron en un broche añadiéndole remaches y un alfiler. El broche, de casi 6 cm de diámetro, había estado enterrado en la tumba de una mujer vikinga de alto estatus. Aún quedan amplios restos del baño de oro en la superficie superior y su elaborado diseño incluye tres criaturas similares a delfines y patrones entrelazados.

"Los patrones, el cuadrilóbulo del círculo central y la forma de las cabezas de los 'delfines' tienen paralelos claros con la metalurgia céltica y los manuscritos del s. VIII y principios del IX, como el Broche de Tara y el Libro de Mac Regol", dijo Ager.

Describió la artesanía como "muy fina" y dijo que los vikingos valoraban los objetos llamativos: "Los propios vikingos tenían mucha habilidad trabajando el metal, así que estoy seguro de que es algo que atraería la mirada de un vikingo."

Otros artefactos traídos al museo desde ese enterramiento incluían dos broches ovales y tiras de cuentas. También había una rueda de huso y una placa de hueso de ballena, que podría haber sido usada como bandeja para la comida en los festines.

"La costumbre era enterrar a la persona con sus posesiones personales. Eran paganos en aquella época, así que era parte del rito funerario vikingo estándar", explicó Ager.

El yacimiento estaba en un campo de tumbas marcadas por grandes túmulos. La excavación del s. XIX fue llevada a cabo por Alfred Heneage Cocks, un arqueólogo británico, en el tiempo libre que le quedaba entre cazar y pescar en Noruega. Registró sus progresos en un diario. Al describir el momento en que descubrió la rueda de huso, escribió: "A esta la partió mi cuchillo desafortunadamente antes de que la viese: era tan blanda como el más blando queso." Afortunadamente también se quedó con algunos pedazos de material orgánico, dijo Ager.

Aún hay que hacer una investigación extensa. La madera de esa muestra le hace sospechar que se trata de los restos de una caja en la que podría haber estado guardado el broche. Las pruebas podrían determinar si procede de las Islas Británicas.

La extracción del broche fue un proceso laborioso que implicó el uso hasta de escalpelos, ya que los conservadores querían preservar un raro ejemplo de tejido vikingo. Este también será sometido a estudio, aunque los expertos ya han detectado tres tipos diferentes, incluyendo un patrón en espiguilla.

El broche será expuesto a partir del 27 de marzo en la Sala 41 (Sutton Hoo y Europa 300-1100 d. C.), que relata un periodo formativo de la historia europea. Una gran exposición, Vikings: Life and Legend, que se centra en el periodo central de la Era Vikinga desde finales del s. VIII hasta principios del s. XI, incluirá los restos de un drakkar vikingo de 37 metros (el más largo jamás encontrado y nunca antes visto en el Reino Unido) dura desde el 6 de marzo al 22 de junio.

Fuentes

Extraído y traducido de The Guardian - The Observer.

miércoles, 22 de enero de 2014

Los cartagineses sí sacrificaban niños

Un tofet a las afueras de Cartago, una parte especial de un cementerio dedicada al enterramiento de niños, según Josephine Quinn. Fotógrafa: Josephine Quinn.

Justo como insistían los propagandistas griegos y romanos, los cartagineses sí mataban a sus propios niños, enterrándolos con animales sacrificados e inscripciones rituales en cementerios especiales para agradecer favores de los dioses, según un nuevo estudio.

"Esto es algo que se rechaza como propaganda difamatoria porque en los tiempos modernos la gente simplemente no quería creerlo", dijo Josephine Quinn, una lectora de Historia Antigua en Oxford que ha trabajado junto a colegas internacionales en este estudio de uno de los temas más amargamente debatidos de la Arqueología Clásica.

"Pero cuando reúnes todas las pruebas (arqueológicas, epigráficas y literarias) son aplastantes y, creemos, concluyentes: sí mataban a sus hijos, y por lo que indican las inscripciones, no solo como una ofrenda por futuros favores sino cumpliendo una promesa hecha con anterioridad. Esto no era un suceso común, y debió tener lugar solo entre una élite porque la cremación era muy cara, igual que el ritual de enterramiento. Podría haber sido visto incluso como un acto filantrópico por el bien de toda la comunidad."

La discusión sobre el tema ha estado activa desde que los cementerios conocidos como tofets (en referencia a la descripción bíblica de un lugar de sacrificio) fueron excavados a principios del s. XX a las afueras de Cartago (Túnez), y después en otros yacimientos cartagineses de Sicilia y Cerdeña. Las tumbas contenían diminutos huesos cremados cuidadosamente guardados en urnas, enterrados bajo lápidas que daban gracias a los dioses. Uno tiene una talla que ha sido interpretada como un sacerdote portando el cuerpo de un niño pequeño. Algunos arqueólogos e historiadores vieron los hallazgos como la prueba que demostraba los antiguos relatos de sacrificio infantil; otros insistieron en que mostraban un tierno respeto por los hijos queridos que morían antes o poco después de morir.

Quinn y sus colegas, un grupo de arqueólogos e historiadores púnicos de Italia y Holanda, que publican sus hallazgos en la revista Antiquity (donde el debate ha seguido rumiándose durante varios años), rechazan completamente esa última teoría.

"Las inscripciones no dejan lugar a dudas: una y otra vez encontramos la explicación de que los dioses 'escucharon mi voz y me bendijeron'. No puede ser que tantos niños murieran casualmente en el momento adecuado para convertirse en una ofrenda, y en cualquier caso un niño enfermizo o muerto sería una ofrenda bastante pobre si ya te preocupa que los dioses la rechacen. Después está el hecho de que los animales de los yacimientos, que incuestionablemente eran ofrendas sacrificiales, están enterrados exactamente de la misma forma, a veces en las mismas urnas que los huesos de los niños."

Aunque se hallaron cientos de restos, eran demasiado pocos para representar a todos los niños abortados y muertos al poco de nacer en Cartago. Según Quinn, había quizá unos 25 enterramientos así al año en una ciudad de quizá 500.000 habitantes.

El historiador romano Diodoro y otros historiadores antiguos dieron descripciones gráficas del sacrificio infantil cartaginés: "Había en su ciudad una imagen en bronce de Cronos, extendiendo sus manos con las palmas hacia arriba e inclinadas hacia el suelo, de forma que los niños cuando eran colocados sobre ellas rodaban hacia abajo y caían en una especie de fosa llena de fuego."

Diodoro llegó a decir que algunos ciudadanos que compraban niños a los pobres y los criaba especialmente para sacrificarlos creían que habían sufrido desgracias por no haber sacrificado a su propia descendencia.

La discusión ha sido apasionada durante años, llegando a darse el caso de que los científicos alcanzaban conclusiones opuestas a partir de los mismos fragmentos de hueso: hace cuatro años un grupo de investigadores publicó un artículo diciendo que los restos cremados no indicaban un sacrificio infantil.

Ahora, en la misma entrega que la investigación de Quinn, Antiquity publica un nuevo artículo sobre los mismos huesos, insistiendo en que el anterior estudio se equivocó al estudiarlos y por tanto sobrestimó enormemente el número de niños muertos antes de nacer sobre el de los que eran asesinados en su infancia.

Quinn dijo que muchos de sus colegas académicos se quedaron en shock por sus conclusiones.

"El sentimiento de que algún tabú definitivo está siendo roto es muy fuerte. Fue impactante ver lo a menudo que mis colegas, cuando me preguntaban en qué estaba trabajando, reaccionaban con horror y decían 'Oh no, eso es imposible, tienes que haberte equivocado'. Nos gusta pensar que estamos bastante cerca del mundo antiguo, que eran realmente como nosotros; la verdad, me temo, es que realmente no lo eran."

Fuentes


Extraído y traducido de The Guardian. Artículo por Maev Kennedy.

domingo, 12 de enero de 2014

Sistema de tres estrellas podría solucionar dudas sobre la gravedad

Un púlsar (izquierda) es orbitado por una enana blanca caliente (centro), y ambos son orbitados por otra enana blanca más fría (derecha).
El descubrimiento de un sistema de tres estrellas podría dar pistas que ayuden a los científicos a definir la verdadera naturaleza de la gravedad.

El sistema, que consiste en dos enanas blancas y un púlsar superdenso agrupados en un espacio menor que la órbita de la Tierra en torno al Sol, podría ayudar a resolver problemas pendientes con la Teoría de la Relatividad General de Einstein.

"Este sistema triple nos proporciona un laboratorio cósmico natural mucho mejor que nada encontrado antes para aprender cómo funcionan estos sistemas de tres cuerpos y potencialmente para detectar problemas en la Relatividad General que los físicos esperan ver bajo condiciones extremas", dijo Scott Ransom del Observatorio Nacional de Radioastronomía.

Usando la cadencia exacta de los rayos de ondas de radio emitidos como un faro por el púlsar, los astrónomos fueron capaces de calcular la geometría del sistema y las masas de las estrellas con una precisión sin igual.

El púlsar, que está a 4.200 años-luz de la Tierra, gira unas 366 veces por segundo. Los púlsares se forman cuando una estrella enorme explota como una supernova y sus restos se colapsan hasta formar una estrella de neutrones superdensa, parte de cuya masa es convertida en energía gravitacional que mantiene la densa estrella en una forma compacta.

Los científicos dicen que el sistema podría ofrecer la mejor oportunidad hasta la fecha de descubrir una violación de un concepto llamado Principio de Equivalencia. Este principio establece que el efecto de la gravedad sobre un cuerpo no depende de la naturaleza o la estructura interna de ese cuerpo.

Los experimentos más famosos que ilustran el Principio de Equivalencia son el conocido lanzamiento de dos bolas de distinto peso desde la Torre Inclinada de Pisa por Galileo y el de un martillo y una pluma de halcón en la superficie de la Luna por el comandante Dave Scott del Apollo XV en 1971.

"Aunque la Teoría de la Relatividad General de Einstein ha sido confirmada por todos los experimentos hasta la fecha, no es compatible con la teoría cuántica. Debido a eso, los físicos esperan que deje de cumplirse bajo condiciones extremas", explicó Ransom. "Este sistema triple de estrellas compactas nos da una gran oportunidad para buscar una violación de una forma específica del Principio de Equivalencia, llamada el Principio de Fuerte Equivalencia", añadió.

Bajo el Principio de Fuerte Equivalencia, el efecto gravitacional de la enana blanca exterior sería idéntico en la enana blanca interior y en la estrella de neutrones. Si el Principio de Fuerte Equivalencia no es válido bajo las condiciones de este sistema, el efecto gravitacional de la estrella exterior sobre las interiores sería ligeramente diferente, y las observaciones de alta precisión de la cadencia del púlsar podrían mostrarlo fácilmente.

"Mediante un cronometraje de muy alta precisión de los pulsos emitidos por el púlsar, podemos buscar esa desviación del Principio de Fuerte Equivalencia con un grado muchísimo mayor de sensibilidad que nunca antes", dijo Ingrid Stairs, de la Universidad de British Columbia. "Encontrar esa desviación indicaría una ruptura de la Relatividad General y nos indicaría el camino hacia una nueva y correcta teoría de la gravedad", añadió.

"Este sistema es fascinante en muchos sentidos, incluyendo lo que debe haber sido una historia de formación totalmente descabellada, y tenemos mucho trabajo que hacer para entenderlo", dijo Ransom.

[Nota del Traductor: Es posible que algún término de Astrofísica se me haya colado, dado que no tengo mucho vocabulario inglés en este campo. Si algún experto o simplemente alguien que sepa más que yo me señala un error lo corregiré con gusto.]

Fuentes

Extraído y traducido de VOA News.

sábado, 11 de enero de 2014

Parrillas portátiles micénicas

Bandeja portátil micénica para preparar pinchos morunos.

Los antiguos micénicos tienen fama por sus palacios y sus guerreros, pero también eran cocineros bastante sofisticados. Hace más de 3000 años, usaban parrillas portátiles y sartenes antiadherentes para hacer pan, según sugieren nuevos experimentos de cocina.

La civilización micénica, que fue el telón de fondo de la Ilíada y la Odisea de Homero, se desarrolló en Grecia durante el final de la Edad del Bronce, desde aproximadamente el 1700 a. C. hasta su misterioso colapso cerca del 1200 a. C. Los micénicos dejaron impresionantes palacios y tumbas llenas de oro en lugares como Pilos y Micenas, pero en estos lugares los arqueólogos han encontrado también artefactos menos glamurosos, como bandejas de pinchos morunos y parrillas hechas de arcilla grumosa.

No estaba claro cómo se usaban estos dos tipos de recipientes de cocina, dijo Julie Hruby del Dartmouth College, al presentar su investigación en el encuentro anual del Instituto Arqueológico de América celebrado en Chicago el 4 de enero.

"No tenemos ninguna receta", dijo Hruby a LiveScience. "Lo que sí tenemos son tabletas que hablan sobre provisiones para festines, así que tenemos cierta idea de qué podrían haber sido los ingredientes, pero en términos de entender cómo cocinaba la gente, las cacerolas son nuestra mejor apuesta".

Las bandejas de pinchos morunos eran recipientes cerámicos rectangulares colocados bajo las brochetas de carne. Los científicos no estaban seguros de si estas bandejas habrían sido puestas directamente sobre un fuego, recogiendo la grasa que goteaba de la carne, o si los recipientes habrían contenido ascuas como una barbacoa portátil. Por su parte, las parrillas redondas tenían una cara lisa y otra cubierta con pequeños agujeros, y los arqueólogos han debatido sobre qué lado habría estado hacia arriba durante su uso.

Para resolver estos misterios culinarios, Hruby y el ceramista Connie Podleski, del College of Art and Craft de Oregón, mezclaron arcillas americanas para imitar la greda micénica y crearon dos parrillas y dos bandejas de pinchos al estilo antiguo. Con sus réplicas listas, intentaron cocinar carne y pan.

Los investigadores probaron dos formas de usar las bandejas para cocinar brochetas de carne, consiguiendo resultados solo en la bandeja de la derecha.

Hruby y Podleski descubrieron que las bandejas eran demasiado gruesas para dejar pasar el calor cuando eran puestas sobre un fuego, dando lugar a una carne bastante cruda; colocar las ascuas dentro de la bandeja era un método de cocina mucho más efectivo.

"Probablemente deberíamos visualizarlos como instrumentos de cocina portátiles, quizá usados durante picnics micénicos", dijo Hruby.

Parrilla o sartén para hacer pan. Uno de los lados estaba cubierto de agujeritos que repartían mejor el aceite por su superficie, evitando que se pegara.

Respecto a las parrillas, el pan era más fácil que se pegase cuando era cocinado sobre la cara lisa de la cacerola, mientras que los agujeros parecían ser una antigua tecnología antiadherente que aseguraba que el aceite se extendiese de forma bastante igualada por toda la parrilla.

Las cacerolas de aspecto humilde solían ser ignoradas, o incluso tiradas, durante las primeras excavaciones en los yacimientos micénicos en el s. XX, pero los investigadores están empezando a prestar más atención a estas vasijas para obtener una imagen completa de los antiguos estilos de vida.

Sobre quién usaba las bandejas de pinchos y las parrillas, Hruby dice que seguramente había cocineros al servicio de la clase gobernante micénica.

"Proceden de estructuras de la élite, pero dudo mucho que las propias élites se cocinaran su comida", dijo Hruby a LiveScience. "Hay cocineros mencionados en el registro de Lineal B que tienen esa actividad como profesión, así que deberíamos imaginar que había chefs usando estos utensilios."

Fuentes


Extraído y traducido de LiveScience - Ancient Cooking Mycenaeans Portable Grills. Artículo escrito por Megan Gannon.

Civilización en el Amazonas

Un nuevo modelo del Amazonas predice que es más probable que la terra preta se encuentre a lo largo de los ríos en la parte oriental de la selva. Las letras indican yacimientos arqueológicos conocidos.
Si miramos la selva amazónica hoy, es difícil imaginarla llena de gente, pero en las últimas décadas los arqueólogos han empezado a encontrar pruebas de que antes de la llegada de Colón, la región estaba salpicada de pueblos e incluso quizá ciudades. La extensión del asentamiento humano en el Amazonas sigue siendo objeto de un intenso debate, en parte porque enormes extensiones de los 6 millones de kilómetros cuadrados de selva siguen sin haber sido estudiadas por los arqueólogos. Ahora los investigadores han creado un modelo que predice dónde es más probable encontrar signos de agricultura precolombina, una herramienta que esperan que ayude a guiar el futuro trabajo arqueológico en la región.

En muchos sentidos, la arqueología en el Amazonas aún está en su infancia. No solo es difícil organizar excavaciones a gran escala en medio de una jungla tropical, sino que hasta hace poco los arqueólogos asumían que no había mucho que encontrar. El suelo amazónico es notoriamente pobre, ya que todos los nutrientes son absorbidos de inmediato por la asombrosa biodiversidad de la selva, así que durante muchos años los científicos creyeron que la clase de agricultura a gran escala necesaria para mantener ciudades era imposible en la región. Los descubrimientos de gigantescas obras de tierra y antiguas carreteras, sin embargo, apuntan a que antaño existieron núcleos de población densos y duraderos en el Amazonas. ¿Su secreto agrícola? Los amazónicos precolombinos enriquecían ellos mismos el suelo, creando lo que los arqueólogos llaman terra preta.

La terra preta (literalmente, "tierra negra") es un suelo artificialmente enriquecido que tiene entre dos y tres veces más nutrientes que el resto del suelo a su alrededor, explica Crystal McMichael, una paleoecóloga del Instituto de Tecnología de Florida en Melbourne. Aunque no hay una definición estándar para la terra preta, suele ser más oscura que otros suelos amazónicos y contener fragmentos de carbón y cerámica precolombina. La mayor parte date de hace entre 2500 y 500 años. Como los terraplenes artificiales, la terra preta es considerada un signo de que un área particular estuvo ocupada por humanos en el pasado precolombino.

Analizando los datos de localización y ambientales de casi un millar de zonas de terra preta y comparándolos con información obtenida de estudios de suelo sin terra preta, McMichael y su equipo hallaron patrones en la distribución del suelo enriquecido. Los científicos concluyeron que la terra preta es más fácil de encontrar en el centro y el este de la Amazonia, sobre los promontorios situados por encima de los ríos que se acercan al Océano Atlántico. Es menos común en la Amazonia occidental, donde la escorrentía de los Andes suele añadir nutrientes al suelo de forma natural, y en áreas elevadas como los Llanos de Mojos en Bolivia, donde se encuentran muchas obras precolombinas impresionantes. Analizando las condiciones ambientales más asociadas a la terra preta, el equipo fue capaz de construir un modelo de predicción de los lugares donde es más probable que se puedan hallar yacimientos de terra preta por descubrir. En general, sospechan que probablemente haya unos 154.063 km2 de terra preta en el Amazonas, componiendo un 3'2% del área total de la cuenca, según han informado en el último Congreso de la Royal Society B.

Crear un modelo de las posibles localizaciones de terra preta no solo revela posibles patrones de asentamiento humano en el Amazonas, sino que también da a los arqueólogos "un punto de partida" para futuras excavaciones, dice McMichael. "En un bosque de casi 6 millones de kilómetros cuadrados, a los arqueólogos les cuesta determinar dónde tomar muestras", explica. Como el cada vez más popular LiDAR (que puede encontrar construcciones ocultas bajo la fronda de la jungla pero no puede detectar terra preta), "estas metodologías [estadísticas] reducen la lista de posibilidades" de dónde encontrar yacimientos arqueológicos prometedores.


Amplias carreteras (en rojo) conectaban antiguas ciudades, construidas siguiendo un mismo patrón (los caminos salen en las mismas direcciones en todas ellas).
Otros expertos en el Amazonas son más escépticos. Michael Heckenberger, un arqueólogo de la Universidad de Florida en Gainesville, que no participó en la investigación, señala una posible discrepancia en los modelos de muestreo empleados por el equipo de McMichael. Los yacimientos de terra preta usados para crear el modelo estadístico "simplemente resultan estar en las zonas donde ha habido una prospección arqueológica intensiva". Las zonas designadas como carentes de terra preta, por otro lado, fueron muestreadas y categorizadas por ecólogos y geólogos, a menudo mucho antes de que nadie estuviese buscando terra preta u otras señales de asentamientos en el Amazonas. Solo porque ahora se etiquete una región como vacía de terra preta no significa que no haya nada de terra preta ahí, sospecha Heckenberger. Solo quiere decir que los arqueólogos no han ido allí a buscarla, todavía. El mapa de McMichael "sirve como recordatorio de lo que no sabemos" sobre el pasado del Amazonas, afirma.

McMichael admite que declarar que no hay terra preta no debería ser una prueba absoluta de que los humanos jamás se asentaron en la región. La relativa falta de terra preta en torno a las obras de Llanos de Mojos demuestra que los humanos no enriquecían necesariamente, o siempre del mismo modo, todo el suelo que habitaban, afirma. "Creo que las culturas se adaptaron de forma diferente a las diferentes condiciones ambientales", creando terra preta donde el suelo natural era particularmente pobre, y modificando su entorno de otras formas en las regiones donde no necesitaban imperiosamente enriquecer el suelo para mantener a grandes poblaciones.

McMichael espera usar sus métodos estadísticos para crear un modelo que abarque todos los tipos distintos de impactos dejados por los antiguos humanos en el Amazonas. Su equipo publicó un artículo en el Journal of Biogeography prediciendo las localizaciones de las obras humanas, y al final ella espera poder ser capaz de crear un mapa que relacione los antiguos asentamientos humanos y los diversos patrones ecológicos. Si los humanos precolombinos fomentaron la expansión de determinadas plantas y animales que encontraron útiles en las regiones cercanas a sus asentamientos, por ejemplo, eso afectaría a la distribución actual de las especies del Amazonas. Dentro de poco los científicos podrían ser capaces de ir más allá de los terraplenes y la agricultura y leer la historia del Amazonas en la propia selva.

Fuentes