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jueves, 20 de marzo de 2014

Si la Primera Guerra Mundial hubiera sido una pelea de bar, habría sido así


Alemania, Austria e Italia están de pie juntos en un bar y Serbia se tropieza con Austria, tirándole la cerveza en los pantalones. Austria le exige a Serbia que le pague un traje nuevo entero por la mancha de sus pantalones. Alemania expresa su apoyo al punto de vista de Austria. Inglaterra recomienda que todo el mundo se calme un poco.

Serbia señala que no puede permitirse un traje nuevo entero, pero se ofrece a pagar la tintorería de los pantalones de Austria.

Rusia y Serbia miran a Austria. Austria le pregunta a Serbia qué está mirando. Rusia sugiere que Austria debería dejar a su hermano pequeño en paz. Austria le pregunta que qué ejército va a ayudar a Rusia a obligarle.

Alemania apela a Inglaterra porque Francia le está mirando, y que está fuera de orden que Inglaterra no intervenga. Inglaterra replica que Francia puede mirar a quien quiera, que Inglaterra también está mirando a Alemania, ¿y qué va a hacer Alemania al respecto?

Alemania le dice a Rusia que deje de mirar a Austria, o de lo contrario le dejará incapaz de volver a mirar a nadie.

Inglaterra y Francia le preguntan a Alemania si está mirando a Bélgica.

Turquía y Alemania se van a hablar en susurros a una esquina. Cuando vuelven, Turquía se esfuerza por no mirar a nadie.

Alemania se remanga, mira a Francia y le pega a Bélgica. Inglaterra y Francia le pegan a Alemania. Austria le pega a Rusia. Alemania le pega con un puño a Inglaterra y Francia y con el otro a Rusia. Rusia le lanza un puñetazo a Alemania, pero falla y casi se cae. Japón grita desde el otro lado de la sala que está de parte de Inglaterra, pero se queda allí. Italia sorprende a todos pegándole a Austria.

Australia le pega a Turquía, y recibe un puñetazo a cambio. No hay malos rollos, porque Inglaterra obligó a Australia a hacerlo.

Francia es lanzado por una ventana, pero se levanta y sigue luchando. Rusia es lanzado por otra, se queda inconsciente, sufre daño cerebral y se despierta con una personalidad completamente nueva. Italia lanza un puñetazo a Austria pero falla; aun así, Austria se cae al suelo. Italia alza los puños al aire y se pone a dar vueltas por la sala cantando.

América espera a que Alemania esté a punto de caerse por los constantes puñetazos de Inglaterra y Francia, y entonces se acerca y le da con un taburete de la barra. Acto seguido finge haber ganado la lucha él solito.

Para entonces todas las sillas están rotas y el gran espejo de detrás de la barra está rajado. Inglaterra, Francia y América están de acuerdo en que Alemania soltó el primer puñetazo, así que toda la culpa es suya. Mientras Alemania sigue inconsciente, le registran los bolsillos, le roban la cartera y pagan una ronda para todos sus amigos.

Fuente


Traducido de 9GAG. Foto subida originalmente por Crushprank.

martes, 4 de marzo de 2014

La guerra histórica entre Ucrania y Rusia

Hoy he encontrado este artículo de Charles Emmerson en History Today, que me ha parecido muy interesante dada la terrible crisis que se está desatando en Ucrania a raíz de la invasión militar rusa de Crimea. Paso a traducir su opinión, y espero las vuestras:

* * *

Las guerras de Historia de Ucrania y Rusia:

No hace mucho, buscando una historia breve de Ucrania en una librería céntrica de Londres, me dieron este memorable consejo: "Mire debajo de Rusia".

Lo hice. Y entre estantes que se quejaban del peso de las glorias de la historia rusa, desde las aventuras amorosas de Catalina la Grande hasta los crímenes de Josif Stalin, encontré dos finos volúmenes sobre Ucrania, un país de unos 46 millones de habitantes. Uno estaba decorado con un cuadro impresionista de la Revolución Naranja de 2004. Los compré los dos. Dudo muchísimo que fueran reemplazados de inmediato.

"Mirar debajo de Rusia" es quizás una metáfora apropiada para hablar de la historia ucraniana.

Desde el tratado de Pereyáslav de 1654, Ucrania solo ha disfrutado de independencia de Rusia en momentos de extrema dislocación geopolítica, como en los últimos días de la Primera Guerra Mundial, tras la Revolución Rusa de 1917. Los nacionalistas rusos de hoy en día parecen ver la independencia de Ucrania como una aberración similar, consecuencia de lo que el Presidente Vladimir Putin definió como el mayor desastre geopolítico del s. XX: el colapso de la Unión Soviética (es decir, del Imperio Ruso) en 1991.

Los viejos hábitos tardan en morir. Para muchos rusos, Ucrania es como una extremidad fantasma que se sigue sintiendo mucho después de su amputación. La idea de que Ucrania es realmente una nación resulta extraña para algunos rusos. Puesto que las percepciones de la historia condicionan la política, comprender el punto de vista ruso sobre la historia ucraniana, y el de los propios ucranianos sobre su propia historia, es esencial.

Aunque errónea, la idea de que la historia ucraniana en realidad no es más que un anexo de la suntuosa mansión de la historia rusa es común. Hasta cierto punto es comprensible. Ucrania y Rusia han compartido triunfos y tragedias desde el nacimiento del Principado de los Rus de Kiev (el primer proto-Estado ruso, aunque por supuesto habría que discutir si los Rus eran siquiera rusos o ucranianos), pasando por las guerras contra los polacos del s. XVII, hasta la sangrienta lucha contra el fascismo en el s. XX.

Los lazos históricos entre los dos países, antiguos y modernos, son múltiples y profundos. Las iglesias ortodoxas de Ucrania y Rusia comparten santo patrón: San Vladimir o San Volodmyr, cuya estatua (bautizada con el nombre ucraniano) se alza orgullosa en una esquina del Londres occidental. En las afueras de Kiev, la capital de Ucrania, un enorme museo de cemento inaugurado a principios de los ochenta conmemora la Gran Guerra Patriótica (1941-5). Fuera, una figura femenina plateada de 60 metros de altura sostiene en alto una espada con una mano, y en la otra levanta un escudo con el emblema de la Unión Soviética. Este es un memorial en honor a un sacrificio compartido (ocho millones de ucranianos murieron en la guerra) y una victoria compartida. Setenta años después del final de la guerra, y casi un cuarto de siglo después del derrumbe de la URSS, esas narraciones aún son poderosas.

Durante mucho tiempo, los rusos vieron a los ucranianos como poco más que parientes paletos del campo. Las teorías sobre la etnogénesis eslava describían a los dos pueblos como hermanos nacidos del mismo vientre eslavo: los "Grandes Rusos" (es decir, los rusos propiamente dichos) por un lado y los "Pequeños Rusos" (los ucranianos) por otro. La literatura ucraniana, que empezó a emerger en el s. XIX, era vista con condescendencia como la pintoresca producción de una sociedad campesina, subordinada en esencia al canon literario de Rusia, incluso a pesar de generar poetas tan geniales como Taras Shevchenko. El hecho de que el florecimiento de la cultura nacional ucraniana fuera más fuerte en la Ucrania occidental, entonces parte del Imperio Austrohúngaro, hizo que algunos rusos rechazaran el concepto entero como un engaño anti-ruso patrocinado por fuerzas externas, una afirmación parecida a las que se oyen hoy día.

En el periodo soviético, la idea de la nacionalidad ucraniana fue vista con la misma suspicacia, pero ahora cargada además con sugerencias de que era intrínsecamente contrarrevolucionaria. En abril de 1918, al implosionar Rusia en su revolución, se instauró un régimen conservador con apoyo alemán en Kiev. Su líder, Pavlo Skoropadsky, revivió el título de Atamán, un antiguo rango militar cosaco cuyo último portador había muerto a los 112 años de edad en 1803 en un remoto monasterio ruso que los soviéticos convertirían posteriormente en un gulag. Posteriormente, en la Gran Guerra Patriótica, algunos ucranianos se unieron a los alemanes para luchar contra los Soviets, y algunos incluso se alistaron en las SS. Las acciones nacionalistas anti-soviéticas continuaron en la década de los 50, dando la base para que la memoria histórica englobe a todos los nacionalistas ucranianos, tanto los moderados como los extremistas de derechas, bajo la etiqueta de "fascistas" y "bandidos".

En la era soviética, la identidad nacional ucraniana nunca fue sometida por completo a la rusa o la soviética. Algunas veces, de hecho, resultó útil para el Estado soviético. En 1939, cuando Galitzia, Volhynia y Bucovina fueron anexionadas por la Ucrania soviética a raíz del pacto Molotov-Ribbentrop y la invasión parcial de Polonia por Stalin, el Soviet Supremo de Ucrania envió este mensaje a Stalin: "Habiendo estado dividido, habiendo estado separado por fronteras artificiales, el gran pueblo ucraniano queda reunido para siempre en una sola república ucraniana". En 1945, las afirmaciones de que Ucrania no era un vasallo soviético sino en realidad un Estado comunista independiente permitieron a Ucrania unirse a las Naciones Unidas como uno de sus miembros fundadores junto a la URSS, dándole así a Moscú un voto adicional en la ONU.

El proceso por el cual las fronteras de la moderna Ucrania fueron definidas, tanto en el oeste como en el Mar Negro, fue parte de la decidida expansión de Rusia a lo largo de tres siglos. En los s. XVIII y XIX, cuando la imaginación geopolítica rusa se obsesionó con la idea de convertir el Mar Negro en un lago ruso, y quizás llegar hasta a hacerse con el control de Constantinopla/Estambul, el Imperio Otomano fue rechazado sangrienta y repetidamente de sus reductos en la costa norte del Mar Negro. Las provincias ucranianas fueron las beneficiarias territoriales. El país se fue integrando cada vez más en la economía y la política del creciente Imperio Ruso, sirviendo como su granero y su ruta al mar.

A finales del s. XVIII, la zarina Catalina la Grande, nacida en Alemania, fundó el puerto de Odessa (y su territorio de Nueva Rusia) con la ayuda de un napolitano hispano-irlandés y, después, de un aristócrata francés. La ciudad se llenó de griegos, búlgaros y judíos. Pushkin fue enviado allí como castigo, y pronto empezó una aventura con la esposa del gobernador ruso de la ciudad. Entre incontables otros, Odessa daría origen a Trotsky y Akhmatova, dos titanes de la política y la cultura rusas, antes de convertirse en el escenario de algunas de las masacres más crueles del Holocausto.

Más al este, mediante la guerra, la colonización y la purificación étnica de su población musulmana, Crimea, el último resto de la Horda Dorada mongola, fue convertida en la mayor joya del Imperio Ruso. Como el proverbial jardín de los placeres para las últimas aventuras amorosas imperiales (como relata Anton Chekhov), y después como campamento de vacaciones de fantasía para los directores industriales soviéticos y como clave del flanco meridional de Rusia (como base de la flota del Mar Negro), Crimea quedó fijada firmemente en la geografía psicológica de los rusos como su propio patio de recreo privado. Menos de un siglo después de que los zares la conquistaran, Stalin eligió Crimea como el lugar donde redibujar una vez más el mapa de Europa en 1945.

Nueve años más tarde, cuando el antiguo jefe de partido ucraniano Khrushchev transfirió Crimea a la República Soviética de Ucrania para celebrar el tricentésimo aniversario del tratado de Pereyáslav, nadie pensaba que las fronteras internas de la Unión Soviética se acabarían convirtiendo en fronteras internacionales. Fue solo en 1991, como consecuencia de un intento de golpe de Estado (que tuvo lugar, irónicamente, mientras Mikhail Gorbachov estaba de vacaciones en Crimea), cuando la península escapó del control de Moscú mientras la superestructura soviética era desintegrada por ley.

La idea de que Crimea se convirtió en parte de una Ucrania independiente esencialmente por accidente es una verdad evangélica para los políticos rusos. Está a solo un paso de ver la posesión ucraniana de Crimea como históricamente ilegítima. Y ahí se encuentra el principio de un juego peligroso. ¿Qué ocurre después? Quizás la misma independencia de Ucrania, o la de los Estados bálticos, también se vea como la consecuencia de una serie de circunstancias históricas que a algunos les podría gustar deshacer.

¿En qué punto se convierte una preocupación por la historia en revanchismo? ¿Y hasta dónde se extiende la perspectiva histórica de uno en el pasado? Las visiones de Crimea como eternamente rusa ignoran testarudamente a la población musulmana que el poder ruso y después soviético desplazó y deportó, a veces violentamente, siempre trágicamente, y con poco reconocimiento histórico. Hasta una fecha tan tardía como los primeros años del s. XX, antes de los cataclismos que se habrían de producir, los tártaros crimeos representaban casi la mitad de la población de Crimea. Khruschev reconoció la deportación de los tártaros como uno de los crímenes de Stalin en su famoso discurso de 1956 ante el 20º Congreso del Partido. Hasta los años noventa no pudieron regresar muchos de ellos.

La versión rusa de la historia de Ucrania, envuelta en su propia narración de alzamiento y caída de un imperio, desde los Romanov hasta los Soviets, ayuda a explicar la actitud de Moscú hacia su vecino del sur; no en términos de intereses objetivos, aunque estos son bien ciertos, sino en términos emocionales, de quién tiene razón y quién no. Lo que empeora el asunto, desde la perspectiva rusa, es que los ucranianos ya no comparten su interpretación de su historia. El pasado se ve de forma diferente estos días desde Kiev (y aún más desde Leópolis/Lviv). Los ucranianos, en lugar de apreciar su papel de apoyo dentro de la grandeza geopolítica rusa (lo que en esencia significa el poder y el prestigio del Estado), han llegado a apreciar otras narraciones alternativas de su historia que giran en torno a la libertad y la resistencia. Redescubrir su pasado ha sido una parte crítica de la afirmación de la independencia ucraniana. Aceptar la posibilidad de que haya múltiples historias, no solo una versión, es un distintivo de la democracia, que ahora es vital.

Episodios antaño vistos como el pegamento histórico de la relación ruso-ucraniana se han visto disputados. Mientras que los rusos tienden a ver el tratado de Pereyáslav de 1654 como un momento de reunificación de los pueblos ruso y ucraniano, muchos ucranianos ven el mismo tratado como una alianza temporal entre líderes militares que después los rusos interpretaron a su conveniencia. En 2009, en el 300º aniversario de la Batalla de Poltava (quizás la batalla más importante de Rusia en el s. XVIII), el entonces presidente de Ucrania Viktor Yuschenko fue bombardeado por Rusia por sugerir que los ucranianos que lucharon junto a los suecos contra las victoriosas fuerzas del zar Pedro el Grande eran auténticos patriotas.

De un modo similar, mientras que las hambrunas de principios del s. XX solían ser vistas como una experiencia de sufrimiento común a todas las regiones soviéticas, e incluso como parte de la forja del milagro industrial soviético, algunos argumentan ahora que las hambrunas fueron, de hecho, un asalto moscovita dirigido contra los ucranianos en particular. Algunos llegan hasta a afirmar que había intenciones genocidas tras esto. La incorporación de la Ucrania occidental a la Unión Soviética en 1939 aún puede ser vista del modo tradicional: como la reunificación de Ucrania bajo liderazgo soviético. Pero para los ancianos pensionistas de Leópolis, y cada vez más para sus nietos, puede ser recordada como el principio de una ocupación rusa de 50 años. Y mientras que los nacionalistas ucranianos de la Gran Guerra Patriótica solían ser rotundamente condenados como nada más que escoria oportunista, antisemita y fascista (y sin duda alguna varios lo eran), algunos elementos más sabrosos pueden ser rehabilitados ahora, como en los Estados bálticos, describiéndolos como patriotas atrapados entre los totalitarismos equivalentes del nazismo y el comunismo. Algunos ucranianos hacen lo que para muchos rusos es una comparación sacrílega, igualando a Putin con Hitler.

Tanto para los rusos como para los ucranianos, la interpretación de la historia ucraniana es personal. Como en todas las tierras fronterizas, las contradicciones y complejidades del enmarañado pasado son reproducidas una y otra vez en las historias de las familias y en las identidades de los individuos. Para los gobiernos de Moscú y Kiev, la historia también es política. Los relatos del pasado pueden ser manipulados para justificar, rechazar o defender diferentes rumbos de acción en el presente. La historia puede ser una herramienta influyente, incluso una guerra psicológica a largo plazo, usada para manipular el aquí y el ahora, para añadir resonancias emocionales a imperativos geopolíticos o a afirmaciones de legitimidad política.

Dicho sin rodeos, la historia puede ser una especie de territorio. En Ucrania, no es solo la tierra del país lo que se está disputando. También lo es el pasado del país. Si Rusia y Ucrania van a vivir como vecinas respetuosas la una junto a la otra, tendrán que encontrar también una forma de vivir con el pasado de cada una.

viernes, 21 de febrero de 2014

El naufragio más antiguo del Océano Índico

Mapa de la localización del yacimiento y sus alrededores en Godavaya, Sri Lanka.

El naufragio más antiguo conocido del Océano Índico ha yacido en el lecho marino frente a la costa meridional de Sri Lanka durante unos 2000 años. Hace apenas un par de semanas que los arqueólogos submarinistas han empezado una excavación del yacimiento que llevará meses, en busca de pistas sobre el comercio entre Roma y Asia durante la antigüedad.

El pecio se encuentra a 33 metros bajo la superficie del océano, justo enfrente del poblado pesquero de Godavaya, donde unos arqueólogos alemanes descubrieron en la década de los 90 un puerto que era importante en la Ruta de la Seda marítima durante el s. II d. C.

El navío hundido, descubierto hace solo una década, no se parece al casco esquelético típico. En vez de eso, los arqueólogos se enfrentan a un montículo endurecido de barras de metal corroídas y antigua carga dispersa, incluyendo lingotes de vidrio y cerámica, que han rodado por el fondo oceánico durante cientos de años empujados por fuertes corrientes y quizás incluso algún tsunami. En consecuencia, todo está bastante roto, afirmó Deborah Carlson, presidenta del Instituto de Arqueología Náutica de la Universidad A&M de Texas, que dirige la expedición al pecio de Godavaya con colegas de los Estados Unidos, Sri Lanka y Francia. Pero por revuelto que esté, el barco hundido podría cubrir un hueco en las pruebas conservadas del comercio que llevaba metales y lujos exóticos como la seda de Asia al mundo romano.

Godavaya, nexo comercial clave

Ejemplo de cerámica encontrada en el pecio de Godavaya.
El área de Godavaya ha estado habitada desde hace unos 7000 años. En agosto de 2008, se descubrió un esqueleto humano del 5000-3000 a. C. (aún no ha sido datado por C14) en una cantera abandonada, junto con herramientas de piedra y hueso. En honor del descubridor del yacimiento, el arqueólogo alemán Oliver Kessler, los esqueletos fueron llamados Olli 1-3.

El asentamiento de Goda Pavata Pattana se encontraba en la península situada entre el puerto interior sobre el río Walawe y el puerto marítimo de la bahía de Godavaya. El comercio era un componente importante en la economía de la antigua Sri Lanja, y Godavaya fue un asentamiento costero importante del reino de Ruhuna.

El puerto de Godavaya es probablemente anterior a una inscripción en brahmi de un rey Gamani Abaya del s. II d. C., probablemente Gajabahu I, que afirma que los pagos aduaneros obtenidos allí estaban dedicados al monasterio budista, el Godapavata Vihara. Sin embargo, en el capítulo sobre “Los Doce Reyes” del Mahawamsa se sostiene que el vihara de Gotapabbata era uno de los siete monasterios que Mahallaka Naga construyó tras la muerte de su yerno Gajabahu.

En la antigüedad, Sri Lanka exportaba granates oscuros, que han sido encontrados decorando objetos funerarios en muchas tumbas europeas de principios de la Edad Media. Una investigación reciente ha mostrado que la mayoría de esos granates procedían de la India y Sri Lanka. Godavaya tenía fácil acceso a través del río Walawe a la zona de minas de gemas de la cuenca de Walawe, que es una fuente de granates.

Hasta el s. VI, Godavaya fue un puerto de tránsito importante. Los barcos que traían mercancías de Occidente intercambiaban bienes con los que venían de China cargados de seda. Así, las naves no necesitaban ir más allá de Godavaya. También se intercambiaban artículos comerciales en la ruta fluvial del Walawe y por otras sendas terrestres.

Godavaya fue el puerto de la capital meridional del s. XI, Maha Nagakula, que se encontraba a orillas del río Walawe.

A partir de 1994, un equipo de arqueólogos alemanes de la Universidad de Bonn, dirigidos primero por el difunto doctor Helmut Roth, después por el Dr. Udo Recker (1994-6) y finalmente por Oliver Kessler (a partir de 1997), llevó a cabo unas excavaciones en Godavaya colaborando con el Departamento Arqueológico de Sri Lanka (bajo el mando de su Director General, el Dr. W. H. Wijeyapala) y el DAI (Instituto Arqueológico Alemán). Desenterraron pruebas de la importancia de Godavaya en la Ruta de la Seda marítima, revelando conexiones con China al este y con el Mar Rojo y el Mediterráneo al oeste.

Entre los hallazgos se encuentran:
  • Cerámica persa sasánida y china.
  • Monedas romanas.
  • Cuentas y brazaletes.
  • Ladrillos con marcas gremiales en forma de O.
  • Un antiguo muelle de desembarco construido con pilares de piedra de hasta 3’5 m. de altura.
  • Una gran ancla de piedra descubierta bajo el agua.
Los eruditos creen que el comercio entre Oriente y Occidente se intensificó después de que Roma se anexionase Egipto en el s. I a. C., obteniendo acceso al Mar Rojo y a través de este al Océano Índico. Las rutas comerciales están documentadas en fuentes literarias e históricas, afirmó Carlson, tales como el Periplo del Mar Rojo, un manual en griego del s. I d. C. que explica a los marineros que zarpan del Mediterráneo y el Mar Rojo a dónde ir en el Océano Índico y que llevar, comprar y vender. Solo faltan las naves que realizaban dicho comercio.

Carlson dijo que probablemente no encontrarían ninguna prueba definitiva de que el barco condenado se dirigía a Roma (como probablemente tampoco podrán decir cómo encontró su fin la embarcación, aunque Carlson, que describió las corrientes que impidieron muchos de los intentos de inmersión del equipo el año pasado como "infames", sospecha que el agitado mar tuvo que ver con ello). Pero los descubrimientos en la nave hundida podrían al menos ayudar a ilustrar el papel de Sri Lanka como "eje" de este comercio, ya que muchos de los bienes que pasaban por la isla alcanzaban el Mediterráneo, aseveró Carlson.

Estado del pecio

Imagen del montículo de restos del barco hundido.
Los primeros rastros del naufragio de Godavaya fueron descubiertos en 2003, cuando un pescador local se sumergió en el sitio y regresó con artefactos antiguos, incluyendo una piedra de amolar con forma de banqueta o mesita. Piedras parecidas se han encontrado en stupas budistas ricas en reliquias, dijo Carlson.

Carlson vio por primera vez el pecio en persona en 2010. Ella y sus colegas documentaron parcialmente los restos en tres campañas exploratorias sucesivas entre 2011 y 2013. La mayor parte de los objetos encontrados alrededor del barco hasta el momento parecen productos locales, muchos de ellos sin elaborar. Hay más piedras de amolar de aspecto budista, lingotes de hierro y cobre (o lo que queda de ellos tras la corrosión) y lingotes de vidrio verde-azulado y negro, que se originaron en la costa tamil del sur de la India y que habrían sido fundidos para crear nuevos recipientes.

Para determinar la edad de la nave, Carlson y su equipo tomaron tres muestras de delicada madera atrapada en el montículo y las enviaron a dos laboratorios distintos para su análisis. Los fragmentos de madera, probablemente restos del antiguo buque, datan al menos del s. I a. C. o d. C.

"Era bastante escéptica cuando vi este pecio por primera vez en 2010. Creí que no había forma de que esta cosa fuese antigua", dijo Carlson. "Pero tomamos estas muestras de madera y me quedé algo pasmada al recibir los resultados."

La arqueóloga submarina Deborah Carlson, que dirige el equipo de excavación.
El montículo cubre un área de unos 6 x 6 metros, aunque el equipo ha sido incapaz de determinar exactamente dónde empieza y dónde acaba exactamente el naufragio durante sus cortas exploraciones del yacimiento. Este año tendrán más tiempo para investigar: si el tiempo lo permite, el equipo espera empezar a sumergirse a mediados de este mes y continuar trabajando hasta mayo.

Además de determinar una silueta sólida del pecio, Carlson espera que ella y sus compañeros sean capaces de asegurar un pedazo del montículo submarino, subirlo a la superficie y tamizar su contenido en una piscina, buscando monedas, posesiones personales y cualquier otra cosa atrapada en el sedimento. A partir de jarras cerradas de cerámica, el equipo podría incluso ser capaz de recuperar antiguos materiales botánicos, como polen, que podría indicar en qué época del año estaba navegando el barco.

El proyecto ha recibido financiación de la Donación Nacional para las Humanidades. Además de sus colegas del Instituto de Arqueología Náutica, Carlson está colaborando con investigadores del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia, la Universidad de California, Berkeley y el Departamento de Arqueología de Sri Lanka.

Fuentes

martes, 4 de febrero de 2014

Ritos Lupinos del Invierno

Los arqueólogos encontraron huesos cortados de perro y lobo dispersos por el pequeño asentamiento de la Edad del Bronce de Krasnosamarskoye, Rusia.

Hace unos 4000 años, en las estepas al norte del Mar Negro, un pueblo nómada empezó a asentarse en pequeñas comunidades. Conocido hoy día como la Cultura de las Tumbas de Madera, este pueblo nos dejó más de mil yacimientos. Uno de ellos se llama Krasnosamarskoye, y el arqueólogo David Anthony del Hartwick College tenía grandes esperanzas puestas en él cuando empezó a excavarlo a finales de los noventa. Anthony esperaba poder descubrir por qué la gente de esta región empezó a establecer sus primeros hogares permanentes. Pero desde entonces él y su equipo han descubierto que Krasnosamarskoye tenía una historia muy distinta que contar: el yacimiento contenía los restos de docenas de perros y lobos descuartizados, muchos más que en ningún otro yacimiento comparable.

Nerissa Russell, la arqueozoólogoa del proyecto, dice: "Recuerdo haber dicho al principio de la excavación que estábamos encontrando muchos huesos de perro. Pero no tenía ni idea de lo importantes que resultarían ser." Cuando el equipo se puso a trabajar en el análisis de todos los huesos de animal en el laboratorio, identificaron los restos de unos 51 perros y siete lobos, así como siete caninos que no pudieron ser clasificados con seguridad. En otros yacimientos de la Cultura de las Tumbas de Madera, los huesos de perro y lobo nunca superan el 3% del total de huesos animales encontrados. En Krasnosamarskoye, componían más del 30%. "No conozco ningún otro yacimiento en el mundo con un porcentaje tan alto de huesos de perro", dice Russell. Ella y su equipo descubrieron que la mayoría de los perros eran inusualmente longevos, de hasta doce años de edad en algunos casos, lo que significa que probablemente no eran criados para ser comidos. "¿Eran mascotas queridas, perros de caza, o parias? No lo sabemos," dice. "Pero son tan viejos que estos perros habían acompañado a estas gentes y establecido algún tipo de relación con ellas."

Piezas de cráneo de perro del yacimiento fueron cortadas en trozos pequeños y estandarizados con un posible significado ritual.

Para aumentar el misterio, los huesos estaban cortados de una forma inusual y sistemática que no se parecía a las prácticas habituales de carnicería. El hocico era dividido en tres pedazos y el resto del cráneo era partido en fragmentos geométricos de solo una pulgada de largo. Nadie habría hecho esos cortes solo para sacar la carne de los huesos.

Anthony y su esposa, la arqueóloga Dorcas Brown, sabían que era un descubrimiento único. Brown, en particular, sospechaba que los cánidos eran probablemente sacrificados allí como parte de un ritual y decidió examinar la literatura historiográfica sobre rituales relacionados con perros. Lo que descubrió era que había todo un historial de trabajo sobre esas antiguas prácticas. En una jugada inusual para los arqueólogos prehistóricos, decidieron consultar a los lingüistas históricos y a las antiguas tradiciones literarias para entender mejor el registro arqueológico.

Una placa vikinga de bronce del s. VI d. C. representa a una figura con casco que podría ser el dios Odín bailando con un guerrero que viste una máscara de lobo.

Sabían que la gente que vivía en Krasnosamarskoye hablaba con casi total seguridad una lengua indoeuropea. Esta enorme familia lingüística comprende hoy día a casi todos los idiomas europeos y a muchos de los asiáticos, como el hindi. Todos ellos son "hijos" de una lengua que probablemente se hablaba en las estepas euroasiáticas entre el 4500 y el 2500 a. C. Los lingüistas históricos lo llaman Protoindoeuropeo. Comparando palabras de todas las lenguas indoeuropeas antiguas y modernas, han sido capaces de reconstruir una gran cantidad del vocabulario de esta lengua largo tiempo muerta. No solo han recuperado (y rastreado a través de estas antiguas culturas indoeuropeas) términos tan variados como las palabras "padre", "cabeza" y "trueno", sino que también pueden sacar deducciones sobre estas culturas a partir de ese vocabulario.

A pesar del colorido cuadro de la vida antigua que se puede obtener de esta forma, muchos arqueólogos dudan en confiar en las raíces de palabras y conceptos del Protoindoeuropeo. "Esta es la clase de información que los arqueólogos prehistóricos normalmente matarían por tener", dice Anthony, "pero generalmente se distancian de la lingüística indoeuropea porque no ven cómo pueden combinar las dos clases de datos." Anthony ha pasado buena parte de su carrera intentando convencer a sus colegas de que los esfuerzos de los lingüistas y mitólogos no deberían ser ignorados. "Estoy interesado en combinar las pruebas lingüísticas y mitológicas con las arqueológicas", dice. "Estas raíces contienen información sobre el parentesco, los sistemas de honor y deuda, el poder y las festividades. Deberíamos estar minando este vocabulario para averiguar qué pasaba por sus cabezas."

Así, sin haber consultado estas fuentes lingüísticas, muchos arqueólogos se habrían dado por satisfechos sabiendo simplemente que los perros habían sido sacrificados. Pero la pasión de Brown y Anthony por aplicar las pruebas lingüísticas a los descubrimientos arqueológicos les hizo profundizar. "Creo que es una suerte que fuéramos nosotros quienes excavamos el yacimiento", dice Anthony.

Brown siguió investigando la literatura sobre las ceremonias indoeuropeas en busca de información sobre perros que pudiese arrojar pistas sobre qué clase de ritual estaba siendo practicado en Krasnosamarskoye. Descubrió que los lingüistas históricos y los mitólogos asociaban desde hacía mucho el sacrificio de perros a una importante tradición de los antiguos indoeuropeos: las partidas de guerra errantes juveniles.

En las tradiciones de los antiguos celtas, germanos, griegos e indo-iranios, los hombres jóvenes solían abandonar sus familias para formar sociedades guerreras. "Estos eran chicos jóvenes al borde de la sociedad que de vez en cuando robaban vacas, y uno preferiría que se largaran a robar las vacas de otro", dice Anthony. "Así que eran expulsados de sus grupos sociales y enviados a saquear otras comunidades." En las tradiciones germánicas, estas bandas de jóvenes guerreros se contemplaban a sí mismas como manadas de lobos. Un famoso mito sobre el héroe Sigfrido describe cómo él se viste con una piel de perro para ir de incursión con su sobrino, al que está instruyendo como guerrero. En el Rigveda, un antiguo texto en sánscrito compuesto en algún momento anterior al 1000 a. C., los hombres jóvenes solo podían convertirse en guerreros tras sacrificar un perro en una ceremonia invernal y vestir su piel durante cuatro años, la cual quemaban a su regreso a la sociedad.

Estas enigmáticas estelas datadas en torno al 1300-1000 a. C. fueron halladas en una tumba cerca de Nivik, Suecia. Una (la segunda por la izquierda) podría representar a un duradero rito iniciático indoeuropeo llevado a cabo por los chicos que accedían a la clase guerrera. A lo largo de la base, ocho figuras encapuchadas siguen a un líder. El número ocho pudo haber tenido algún significado especial para las partidas de guerra juveniles indoeuropeas.

La institución de las bandas guerreras juveniles dedicadas a las incursiones estacionales está tan extendida en las culturas indoeuropeas que los lingüistas históricos y mitólogos concluyeron que tenía que haber sido una gran tradición protoindoeuropea, y que estos jóvenes se convertían en guerreros durante un ritual a mediados del invierno que incluía el sacrificio de perros. Los lingüistas incluso reconstruyeron la palabra protoindoeuropea para estas partidas de guerra: koryos. Pero, como muchas palabras e ideas protoindoeuropeas reconstruidas, faltaban pruebas físicas que demostrasen que las koryos recorrían las estepas euroasiáticas hace miles de años. Anthony y Brown, no obstante, debido al enorme número de huesos de perro y lobo del yacimiento, sospechaban fuertemente que Krasnosamarskoye podría ser de hecho uno de estos lugares de iniciación invernal de las koryos. Pero necesitaban demostrar que esta tradición reconstruida existía hace 4000 años.

Tras enviar los dientes caninos del yacimiento a la arqueozoóloga Anne Pike-Tay, que estudia las bandas de crecimiento en los dientes para determinar en qué estación morían los animales, la última pieza del puzle encajó en su sitio: fue capaz de determinar la estación de la muerte de 17 de los cánidos, y descubrió que 16 de ellos murieron en invierno. Las vacas sacrificadas en Krasnosamarskoye, por contra, morían a lo largo de todo el año. Para Anthony y Brown esta era una prueba poderosa de que las koryos existían cientos de años antes de que fuesen mencionadas por primera vez en el Rigveda.

Del mismo modo que las bandas itinerantes de jóvenes incursores jugaban un papel importante en las sociedades indoeuropeas posteriores, Anthony cree que habrían sido clave para la Cultura de las Tumbas de Madera. "Era una forma organizada no solo de controlar a jóvenes potencialmente peligrosos", dice, "sino que también era una manera de expandirse y obtener riqueza." De hecho, Anthony cree que las koryos podrían ayudar a explicar por qué las lenguas indoeuropeas se extendieron con tanto éxito. Las anteriores generaciones de estudiosos imaginaban hordas de indoeuropeos subidos en carros extendiendo sus lenguas por Europa y Asia a punta de espada. Pero Anthony cree que el indoeuropeo se extendió mediante una difundida imitación de las costumbres indoeuropeas, que incluían, por ejemplo, celebrar festines para establecer fuertes redes sociales. Las koryos simplemente habrían sido otro rasgo más de la vida indoeuropea que otros pueblos admiraron y adoptaron, junto con los propios lenguajes.

Cerca de un fortín celta en Francia, un enterramiento de hacia el 100 d. C. contenía los restos de ocho hombres y ocho caballos. El arqueólogo David Anthony cree que en la tradición indoeuropea, ocho guerreros habrían sido la composición idónea de una partida de guerra juvenil.

Desde que él y Brown empezaron a seguir la pista lingüística de las koryos, Anthony se ha encontrado otros rompecabezas tanto en el registro arqueológico como en los textos que podrían llegar a ser resueltos de una forma similar. En particular, cree que puede haber una significativa relación entre las bandas guerreras y el número ocho, ya que aparece frecuentemente. "En los textos indios de la Edad del Hierro, los chicos tienen ocho años cuando empiezan a entrenarse, y a los dieciséis son iniciados en la casta guerrera", dice Anthony. "En el mito de Sigfrido", continúa, "el héroe le dice a su sobrino que no le llame si no es atacado por más de siete hombres... osea, ocho." En una tumba de 3000 años de antigüedad de la Edad del Bronce en Kivik, Suecia, las estelas que se delimitan el interior de la cámara funeraria presentan una representación de ocho figuras encapuchadas siguiendo a un líder. "Esa podría ser una imagen de una ceremonia de iniciación", dice Anthony. En un asentamiento celta de Francia datado cerca del 100 d. C., ocho caballos y ocho hombres fueron enterrados juntos. Quizás, plantea Anthony, las koryos eran grupos idealmente de ocho jóvenes, y esa unidad básica de guerreros perduró durante largo tiempo.

Anthony espera ahora que llegue un momento en el que los arqueólogos busquen usar las pruebas lingüísticas y literarias para entender el pasado prehistórico en formas mucho más sutiles que las que ya conocen. Hace notar, por ejemplo, que koryos no es el único término para banda guerrera en el Protoindoeuropeo reconstruido. Hay otra palabra que aparentemente se usaba para referirse a un grupo mayor de guerreros que incluía a todos los adultos de una comunidad, una agrupación seguramente muy distinta. "Estos tipos de distinciones", dice, "son imposibles de sacar a la luz con una pala. No hemos hecho más que empezar a usar la información del vocabulario protoindoeuropeo para entender a la gente que lo hablaba."

Fuentes


Extraído y traducido de http://www.archaeology.org/issues/issues/1309/features/timber-grave-culture-krasnosamarskoe-bronze-age. Artículo escrito por Eric A. Powell.

miércoles, 22 de enero de 2014

Los cartagineses sí sacrificaban niños

Un tofet a las afueras de Cartago, una parte especial de un cementerio dedicada al enterramiento de niños, según Josephine Quinn. Fotógrafa: Josephine Quinn.

Justo como insistían los propagandistas griegos y romanos, los cartagineses sí mataban a sus propios niños, enterrándolos con animales sacrificados e inscripciones rituales en cementerios especiales para agradecer favores de los dioses, según un nuevo estudio.

"Esto es algo que se rechaza como propaganda difamatoria porque en los tiempos modernos la gente simplemente no quería creerlo", dijo Josephine Quinn, una lectora de Historia Antigua en Oxford que ha trabajado junto a colegas internacionales en este estudio de uno de los temas más amargamente debatidos de la Arqueología Clásica.

"Pero cuando reúnes todas las pruebas (arqueológicas, epigráficas y literarias) son aplastantes y, creemos, concluyentes: sí mataban a sus hijos, y por lo que indican las inscripciones, no solo como una ofrenda por futuros favores sino cumpliendo una promesa hecha con anterioridad. Esto no era un suceso común, y debió tener lugar solo entre una élite porque la cremación era muy cara, igual que el ritual de enterramiento. Podría haber sido visto incluso como un acto filantrópico por el bien de toda la comunidad."

La discusión sobre el tema ha estado activa desde que los cementerios conocidos como tofets (en referencia a la descripción bíblica de un lugar de sacrificio) fueron excavados a principios del s. XX a las afueras de Cartago (Túnez), y después en otros yacimientos cartagineses de Sicilia y Cerdeña. Las tumbas contenían diminutos huesos cremados cuidadosamente guardados en urnas, enterrados bajo lápidas que daban gracias a los dioses. Uno tiene una talla que ha sido interpretada como un sacerdote portando el cuerpo de un niño pequeño. Algunos arqueólogos e historiadores vieron los hallazgos como la prueba que demostraba los antiguos relatos de sacrificio infantil; otros insistieron en que mostraban un tierno respeto por los hijos queridos que morían antes o poco después de morir.

Quinn y sus colegas, un grupo de arqueólogos e historiadores púnicos de Italia y Holanda, que publican sus hallazgos en la revista Antiquity (donde el debate ha seguido rumiándose durante varios años), rechazan completamente esa última teoría.

"Las inscripciones no dejan lugar a dudas: una y otra vez encontramos la explicación de que los dioses 'escucharon mi voz y me bendijeron'. No puede ser que tantos niños murieran casualmente en el momento adecuado para convertirse en una ofrenda, y en cualquier caso un niño enfermizo o muerto sería una ofrenda bastante pobre si ya te preocupa que los dioses la rechacen. Después está el hecho de que los animales de los yacimientos, que incuestionablemente eran ofrendas sacrificiales, están enterrados exactamente de la misma forma, a veces en las mismas urnas que los huesos de los niños."

Aunque se hallaron cientos de restos, eran demasiado pocos para representar a todos los niños abortados y muertos al poco de nacer en Cartago. Según Quinn, había quizá unos 25 enterramientos así al año en una ciudad de quizá 500.000 habitantes.

El historiador romano Diodoro y otros historiadores antiguos dieron descripciones gráficas del sacrificio infantil cartaginés: "Había en su ciudad una imagen en bronce de Cronos, extendiendo sus manos con las palmas hacia arriba e inclinadas hacia el suelo, de forma que los niños cuando eran colocados sobre ellas rodaban hacia abajo y caían en una especie de fosa llena de fuego."

Diodoro llegó a decir que algunos ciudadanos que compraban niños a los pobres y los criaba especialmente para sacrificarlos creían que habían sufrido desgracias por no haber sacrificado a su propia descendencia.

La discusión ha sido apasionada durante años, llegando a darse el caso de que los científicos alcanzaban conclusiones opuestas a partir de los mismos fragmentos de hueso: hace cuatro años un grupo de investigadores publicó un artículo diciendo que los restos cremados no indicaban un sacrificio infantil.

Ahora, en la misma entrega que la investigación de Quinn, Antiquity publica un nuevo artículo sobre los mismos huesos, insistiendo en que el anterior estudio se equivocó al estudiarlos y por tanto sobrestimó enormemente el número de niños muertos antes de nacer sobre el de los que eran asesinados en su infancia.

Quinn dijo que muchos de sus colegas académicos se quedaron en shock por sus conclusiones.

"El sentimiento de que algún tabú definitivo está siendo roto es muy fuerte. Fue impactante ver lo a menudo que mis colegas, cuando me preguntaban en qué estaba trabajando, reaccionaban con horror y decían 'Oh no, eso es imposible, tienes que haberte equivocado'. Nos gusta pensar que estamos bastante cerca del mundo antiguo, que eran realmente como nosotros; la verdad, me temo, es que realmente no lo eran."

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Extraído y traducido de The Guardian. Artículo por Maev Kennedy.

sábado, 11 de enero de 2014

Parrillas portátiles micénicas

Bandeja portátil micénica para preparar pinchos morunos.

Los antiguos micénicos tienen fama por sus palacios y sus guerreros, pero también eran cocineros bastante sofisticados. Hace más de 3000 años, usaban parrillas portátiles y sartenes antiadherentes para hacer pan, según sugieren nuevos experimentos de cocina.

La civilización micénica, que fue el telón de fondo de la Ilíada y la Odisea de Homero, se desarrolló en Grecia durante el final de la Edad del Bronce, desde aproximadamente el 1700 a. C. hasta su misterioso colapso cerca del 1200 a. C. Los micénicos dejaron impresionantes palacios y tumbas llenas de oro en lugares como Pilos y Micenas, pero en estos lugares los arqueólogos han encontrado también artefactos menos glamurosos, como bandejas de pinchos morunos y parrillas hechas de arcilla grumosa.

No estaba claro cómo se usaban estos dos tipos de recipientes de cocina, dijo Julie Hruby del Dartmouth College, al presentar su investigación en el encuentro anual del Instituto Arqueológico de América celebrado en Chicago el 4 de enero.

"No tenemos ninguna receta", dijo Hruby a LiveScience. "Lo que sí tenemos son tabletas que hablan sobre provisiones para festines, así que tenemos cierta idea de qué podrían haber sido los ingredientes, pero en términos de entender cómo cocinaba la gente, las cacerolas son nuestra mejor apuesta".

Las bandejas de pinchos morunos eran recipientes cerámicos rectangulares colocados bajo las brochetas de carne. Los científicos no estaban seguros de si estas bandejas habrían sido puestas directamente sobre un fuego, recogiendo la grasa que goteaba de la carne, o si los recipientes habrían contenido ascuas como una barbacoa portátil. Por su parte, las parrillas redondas tenían una cara lisa y otra cubierta con pequeños agujeros, y los arqueólogos han debatido sobre qué lado habría estado hacia arriba durante su uso.

Para resolver estos misterios culinarios, Hruby y el ceramista Connie Podleski, del College of Art and Craft de Oregón, mezclaron arcillas americanas para imitar la greda micénica y crearon dos parrillas y dos bandejas de pinchos al estilo antiguo. Con sus réplicas listas, intentaron cocinar carne y pan.

Los investigadores probaron dos formas de usar las bandejas para cocinar brochetas de carne, consiguiendo resultados solo en la bandeja de la derecha.

Hruby y Podleski descubrieron que las bandejas eran demasiado gruesas para dejar pasar el calor cuando eran puestas sobre un fuego, dando lugar a una carne bastante cruda; colocar las ascuas dentro de la bandeja era un método de cocina mucho más efectivo.

"Probablemente deberíamos visualizarlos como instrumentos de cocina portátiles, quizá usados durante picnics micénicos", dijo Hruby.

Parrilla o sartén para hacer pan. Uno de los lados estaba cubierto de agujeritos que repartían mejor el aceite por su superficie, evitando que se pegara.

Respecto a las parrillas, el pan era más fácil que se pegase cuando era cocinado sobre la cara lisa de la cacerola, mientras que los agujeros parecían ser una antigua tecnología antiadherente que aseguraba que el aceite se extendiese de forma bastante igualada por toda la parrilla.

Las cacerolas de aspecto humilde solían ser ignoradas, o incluso tiradas, durante las primeras excavaciones en los yacimientos micénicos en el s. XX, pero los investigadores están empezando a prestar más atención a estas vasijas para obtener una imagen completa de los antiguos estilos de vida.

Sobre quién usaba las bandejas de pinchos y las parrillas, Hruby dice que seguramente había cocineros al servicio de la clase gobernante micénica.

"Proceden de estructuras de la élite, pero dudo mucho que las propias élites se cocinaran su comida", dijo Hruby a LiveScience. "Hay cocineros mencionados en el registro de Lineal B que tienen esa actividad como profesión, así que deberíamos imaginar que había chefs usando estos utensilios."

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Extraído y traducido de LiveScience - Ancient Cooking Mycenaeans Portable Grills. Artículo escrito por Megan Gannon.

Civilización en el Amazonas

Un nuevo modelo del Amazonas predice que es más probable que la terra preta se encuentre a lo largo de los ríos en la parte oriental de la selva. Las letras indican yacimientos arqueológicos conocidos.
Si miramos la selva amazónica hoy, es difícil imaginarla llena de gente, pero en las últimas décadas los arqueólogos han empezado a encontrar pruebas de que antes de la llegada de Colón, la región estaba salpicada de pueblos e incluso quizá ciudades. La extensión del asentamiento humano en el Amazonas sigue siendo objeto de un intenso debate, en parte porque enormes extensiones de los 6 millones de kilómetros cuadrados de selva siguen sin haber sido estudiadas por los arqueólogos. Ahora los investigadores han creado un modelo que predice dónde es más probable encontrar signos de agricultura precolombina, una herramienta que esperan que ayude a guiar el futuro trabajo arqueológico en la región.

En muchos sentidos, la arqueología en el Amazonas aún está en su infancia. No solo es difícil organizar excavaciones a gran escala en medio de una jungla tropical, sino que hasta hace poco los arqueólogos asumían que no había mucho que encontrar. El suelo amazónico es notoriamente pobre, ya que todos los nutrientes son absorbidos de inmediato por la asombrosa biodiversidad de la selva, así que durante muchos años los científicos creyeron que la clase de agricultura a gran escala necesaria para mantener ciudades era imposible en la región. Los descubrimientos de gigantescas obras de tierra y antiguas carreteras, sin embargo, apuntan a que antaño existieron núcleos de población densos y duraderos en el Amazonas. ¿Su secreto agrícola? Los amazónicos precolombinos enriquecían ellos mismos el suelo, creando lo que los arqueólogos llaman terra preta.

La terra preta (literalmente, "tierra negra") es un suelo artificialmente enriquecido que tiene entre dos y tres veces más nutrientes que el resto del suelo a su alrededor, explica Crystal McMichael, una paleoecóloga del Instituto de Tecnología de Florida en Melbourne. Aunque no hay una definición estándar para la terra preta, suele ser más oscura que otros suelos amazónicos y contener fragmentos de carbón y cerámica precolombina. La mayor parte date de hace entre 2500 y 500 años. Como los terraplenes artificiales, la terra preta es considerada un signo de que un área particular estuvo ocupada por humanos en el pasado precolombino.

Analizando los datos de localización y ambientales de casi un millar de zonas de terra preta y comparándolos con información obtenida de estudios de suelo sin terra preta, McMichael y su equipo hallaron patrones en la distribución del suelo enriquecido. Los científicos concluyeron que la terra preta es más fácil de encontrar en el centro y el este de la Amazonia, sobre los promontorios situados por encima de los ríos que se acercan al Océano Atlántico. Es menos común en la Amazonia occidental, donde la escorrentía de los Andes suele añadir nutrientes al suelo de forma natural, y en áreas elevadas como los Llanos de Mojos en Bolivia, donde se encuentran muchas obras precolombinas impresionantes. Analizando las condiciones ambientales más asociadas a la terra preta, el equipo fue capaz de construir un modelo de predicción de los lugares donde es más probable que se puedan hallar yacimientos de terra preta por descubrir. En general, sospechan que probablemente haya unos 154.063 km2 de terra preta en el Amazonas, componiendo un 3'2% del área total de la cuenca, según han informado en el último Congreso de la Royal Society B.

Crear un modelo de las posibles localizaciones de terra preta no solo revela posibles patrones de asentamiento humano en el Amazonas, sino que también da a los arqueólogos "un punto de partida" para futuras excavaciones, dice McMichael. "En un bosque de casi 6 millones de kilómetros cuadrados, a los arqueólogos les cuesta determinar dónde tomar muestras", explica. Como el cada vez más popular LiDAR (que puede encontrar construcciones ocultas bajo la fronda de la jungla pero no puede detectar terra preta), "estas metodologías [estadísticas] reducen la lista de posibilidades" de dónde encontrar yacimientos arqueológicos prometedores.


Amplias carreteras (en rojo) conectaban antiguas ciudades, construidas siguiendo un mismo patrón (los caminos salen en las mismas direcciones en todas ellas).
Otros expertos en el Amazonas son más escépticos. Michael Heckenberger, un arqueólogo de la Universidad de Florida en Gainesville, que no participó en la investigación, señala una posible discrepancia en los modelos de muestreo empleados por el equipo de McMichael. Los yacimientos de terra preta usados para crear el modelo estadístico "simplemente resultan estar en las zonas donde ha habido una prospección arqueológica intensiva". Las zonas designadas como carentes de terra preta, por otro lado, fueron muestreadas y categorizadas por ecólogos y geólogos, a menudo mucho antes de que nadie estuviese buscando terra preta u otras señales de asentamientos en el Amazonas. Solo porque ahora se etiquete una región como vacía de terra preta no significa que no haya nada de terra preta ahí, sospecha Heckenberger. Solo quiere decir que los arqueólogos no han ido allí a buscarla, todavía. El mapa de McMichael "sirve como recordatorio de lo que no sabemos" sobre el pasado del Amazonas, afirma.

McMichael admite que declarar que no hay terra preta no debería ser una prueba absoluta de que los humanos jamás se asentaron en la región. La relativa falta de terra preta en torno a las obras de Llanos de Mojos demuestra que los humanos no enriquecían necesariamente, o siempre del mismo modo, todo el suelo que habitaban, afirma. "Creo que las culturas se adaptaron de forma diferente a las diferentes condiciones ambientales", creando terra preta donde el suelo natural era particularmente pobre, y modificando su entorno de otras formas en las regiones donde no necesitaban imperiosamente enriquecer el suelo para mantener a grandes poblaciones.

McMichael espera usar sus métodos estadísticos para crear un modelo que abarque todos los tipos distintos de impactos dejados por los antiguos humanos en el Amazonas. Su equipo publicó un artículo en el Journal of Biogeography prediciendo las localizaciones de las obras humanas, y al final ella espera poder ser capaz de crear un mapa que relacione los antiguos asentamientos humanos y los diversos patrones ecológicos. Si los humanos precolombinos fomentaron la expansión de determinadas plantas y animales que encontraron útiles en las regiones cercanas a sus asentamientos, por ejemplo, eso afectaría a la distribución actual de las especies del Amazonas. Dentro de poco los científicos podrían ser capaces de ir más allá de los terraplenes y la agricultura y leer la historia del Amazonas en la propia selva.

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Dinastía Zhou (1046-256 a. C.)

Estados de la Dinastía Zhou Occidental (1046-771 a. C.)
La Dinastía Zhou (1046-256 a.C.) fue la más duradera de China. Siguió a la Dinastía Shang (c. 1600-1046 a.C.) y acabó cuando el ejército del Estado de Qin capturó la ciudad de Chengzhou en el 256 a. C. La larga historia de la Dinastía Zhou se suele dividir en dos periodos distintos: el de los Zhou Occidentales (1046-771 a. C.) y el de los Zhou Orientales (770-256 a. C.), llamados así por el traslado de la capital Zhou al este, donde estaba más protegida de las invasiones.

Las mentes más influyentes de la tradición intelectual china florecieron bajo los Zhou, particularmente hacia el final del último periodo de la Dinastía Zhou, considerado una época de despertar intelectual y artístico. Muchas de las ideas desarrolladas por figuras como Laozi, Confucio, Mencio y Mozi, que vivieron todos durante el periodo de Zhou Oriental, moldearían el carácter de la civilización china hasta la actualidad.

Los Orígenes de la Dinastía Zhou


Los Zhou no fueron invasores, sino un pueblo chinoparlante descendiente de la cultura neolítica de Longshan. A lo largo de varios siglos, los Zhou se alejaron de las presiones bárbaras, migrando hacia la cuenca agrícola más occidental del norte de China, el valle del bajo Wei, que actualmente es la provincia de Shaanxi. Allí empezaron a desarrollar una agricultura similar a la Shang, y también construyeron una ciudad en un área llamada Llanura de Zhou, que dio su nombre al Estado y a la dinastía. La clase gobernante Shang consideraba a los Zhou sus "primos semibárbaros del campo". Durante muchos años los Zhou y los Shang coexistieron alternando la paz y la guerra.

La primera figura histórica importante de los Zhou es el rey Wen (1152-1056 a. C.), descrito como un ejemplo viviente de benevolencia y sabiduría. Se convirtió en rey de Zhou en el 1099 a. C., durante los últimos días de la Dinastía Shang. Se le atribuye la concepción del ambicioso plan de socavar la autoridad de los Shang concertando alianzas con los jefes vecinos, lo que dio a los Zhou el poder militar necesario para hacer posible la conquista. El creciente poder de Wen perturbó tanto a la corte Shang que llegaron a apresarlo en la ciudad de Youli. No obstante, los partidarios de Wen lo rescataron dando a los Shang un gran número de regalos. El segundo hijo del rey Wen fue el rey Wu, que construyó una nueva capital y la llamó Haojing. En el 1046 a. C., Wu dirigió un ejército de 50000 tropas contra 700000 Shang, en la batalla conocida como la Batalla de Muye. El pueblo Shang era tan infeliz bajo el gobierno del rey Shang que los guerreros ofrecieron poca resistencia y muchos de ellos se unieron al bando del rey Wu. El rey Shang se retiró a su palacio y se suicidó encerrándose y prendiendo fuego al edificio.

Los Zhou justificaron el campo de dinastía y su propia autoridad afirmando que los desposeídos Shang habían abandonado el "Mandato del Cielo" gobernando mal. Era costumbre en la antigua China identificar la autoridad suprema de los gobernantes con un poder superior. Todos los subsiguientes cambios de dinastía en China serían justificados con argumentos similares a este.

El rey Wu no exterminó por completo a los Shang: Dejó al heredero Shang como gobernante nominal de la ciudad de Youli, pero ordenó a algunos de sus propios hermanos que mantuviesen Youli bajo un firme control. Wu retornó a Haojing, donde murió siendo aún relativamente joven, y su hijo Cheng se convirtió en el nuevo rey Zhou siendo aún un niño.

Los Zhou no fueron capaces de controlar por completo la llanura oriental como habían hecho los Shang, y el rey Wu no elaboró ningún plan destinado a tal fin. Fue el hermano de Wu, conocido como el Duque de Zhou, quien dio los pasos necesarios para establecer la base sobre la que la dinastía Zhou consolidaría su poder por todo el norte de China. El Duque de Zhou era el jefe y supervisor de la recién conquistada llanura oriental, y fue nombrado regente sobre el joven rey Cheng, su propio sobrino. La contrapartida del Duque de Zhou era otro de sus hermanos, el Duque de Shao, supervisor jefe de la tierra natal de los Zhou en Shaanxi. Tan pronto como el Duque de Zhou ocupó su puesto como regente sobre el rey Cheng, sus hermanos en la ciudad de Youli se unieron al heredero Shang en una rebelión para tomar el poder y restaurar el antiguo orden Shang, ya que al parecer había un miedo generalizado a que el Duque de Zhou usurpase el trono de su joven sobrino. El Duque de Zhou reaccionó rápidamente organizando sus fuerzas armadas y aplastando la rebelión. Después emprendió varias expediciones al este para someter a toda la llanura del Río Amarillo bajo el control de los Zhou. En el proceso destruyó muchos Estados pequeños y creó nuevas unidades administrativas en su lugar. También construyó una nueva capital en la moderna Luoyang, en la llanura central del Río Amarillo (la actual provincia de Henan) para que sirviese como capital auxiliar en la administración de los territorios orientales. Tras lograr todo esto en el marco de solo siete años, los poderes del Duque de Zhou eran extraordinarios, pero eso no le hizo reticente a abandonar su puesto tras educar persistentemente a su sobrino en los deberes de un gobernante responsable. Así, el rey Cheng subió finalmente al trono y gobernó hasta el 1021 a. C.

Zhou Occidentales (1046-771 a.C.)


La Dinastía Zhou nunca gobernó un territorio totalmente unificado. La corte Zhou extendía su poder sobre la llanura oriental concediendo autoridad a miembros de la familia real y en algunos casos a partidarios favorecidos, que establecían fuertes amurallados y guarnecidos entre los habitantes originales del este. En ciertos casos, los jefes locales fueron aceptados como colaboradores con los Zhou. De ahí surgió una red de ciudades-Estado sobre la llanura, desde la que el control militar y político se extendía sobre las aldeas agrícolas circundantes. Cualquier líder local que retara al orden Zhou era rápidamente castigado por el ejército y los delegados regionales eran vigilados de cerca.

Hay muchos parecidos entre el sistema Zhou y algunas de las formas de feudalismo de la Europa medieval, que es la razón por la que la era Zhou es llamada a veces edad feudal. La diferencia más importante era que la clase gobernante estaba unificada principalmente por lazos de parentesco. Las relaciones familiares eran establecidas mediante matrimonios cuando no había conexión sanguínea. De esta forma, los señores locales debían aceptar la autoridad del rey como la cabeza de una gran familia. Durante los tres siglos posteriores a la conquista de los Shang, los Zhou mantuvieron el orden en el norte de China y expandieron sus territorios.

Con el paso del tiempo, los lazos de parentesco se desvanecieron y los gobernantes locales se identificaron cada vez menos con el rey Zhou y más con sus territorios asignados. Esta tendencia fue muy fuerte en las regiones periféricas más grandes. Hacia el s. IX a. C., los líderes regionales empezaron a ignorar sus deberes para con la corte Zhou y también a luchar entre ellos. El declive del orden en el reino animó a los pueblos extranjeros de todas las fronteras a lanzar invasiones. El rey Li (que gobernó entre el 877 y el 841 a. C.) dirigió 14 ejércitos contra enemigos no chinos hacia el sur y el sureste sin resultados positivos.

Finalmente, el rey Xuan (827-782 a. C.) libró muchas guerras defensivas contra los invasores en el norte durante la mayor parte de su reinado. En el 771 a. C., su hijo, el rey You, murió durante una invasión bárbara en Haojing, la capital, que fue asaltada y saqueada por un grupo de norteños. El heredero real y los miembros de la corte que consiguieron sobrevivir al desastre decidieron que Haojing era demasiado vulnerable a los ataques desde la frontera, así que abandonaron la ciudad y establecieron la sede del gobierno en la capital auxiliar oriental de Luoyang. Este fue el principal punto de inflexión en la Dinastía Zhou, marcando el final del periodo de los Zhou Occidentales.

Durante el periodo de los Zhou Occidentales, los bienes circulaban principalmente mediante tributos y presentes más que a través del comercio, las ciudades eran fortalezas nobles, los artesanos eran una casta hereditaria de siervos adjuntos a Estados o cortes, y los ministros y miembros de la corte eran elegidos por su nacimiento antes que por su talento. Las batallas entre los líderes regionales eran relativamente cortas y, para los nobles, restringidas por un código de caballerosidad.

Zhou Orientales (770-256 a. C.)


Después de que la invasión bárbara empujase al este a los gobernantes Zhou, el Estado de Qin se quedó al cargo de guardar la frontera occidental, y gradualmente se desplazaron al este hasta ocupar finalmente los antiguos dominios Zhou. Así, los Qin se convirtieron en un aliado cercano de los Zhou y también mantuvieron relaciones matrimoniales con su clase gobernante. Las ciudades-Estado emergieron lentamente como poderosos feudos independientes y el poder de los Zhou se desintegró. Los Estados localizados en las periferias se volvieron fuertes poderes territoriales, y sus gobernantes poseían normalmente más fuerza militar y económica que el rey, que ahora dependía de un pequeño dominio real en torno a Luoyang. Hacia el 700 a. C., el Estado de Qin al oeste, el de Jin al norte, el de Qi al este y el de Chu al sur eran los principales centros de poder en China. El dominio real Zhou, en el centro de la llanura del Río Amarillo, carecía de poder en comparación con los reinos periféricos.

El periodo desde el 772 hasta el 476 a. C. es conocido en la historia china como el Periodo de la Primavera y el Otoño, llamado así por el nombre de la crónica oficial del pequeño Estado de Lu que se pudo preservar, en la que se registran los sucesos de toda China entre estas fechas. Durante esta época, el conflicto militar se intensigicó gradualmente. Guerra tras guerra, los diferentes Estados empezaron a anexionarse unos a otros y, de los cerca de cien Estados existentes en China hacia el 770 a. C., solo quedaban cuarenta hacia el final del Periodo de la Primavera y el Otoño. Esta fue una era de violencia y conflicto social: batallas, guerras civiles, asesinatos de gobernantes e intrigas entre familias aristocráticas. Las batallas se transformaron lentamente, pasando de ser breves y reglamentadas a convertirse en masacres a gran escala.

Como resultado de esta creciente conflictividad, los gobernantes ya no podían permitirse nombrar ministros solo por su nobleza de sangre, ya que el talento se volvió mucho más importante. El comercio se expandió, el dinero y los bienes circularon mayoritariamente por compraventa, y en ocasiones los grandes mercaderes conseguían altos puestos. Los pensadores competían por el patrocinio de los gobernantes, moviéndose de una corte a otra para explicar sus puntos de vista sociales, económicos, militares y políticos en busca de un empleo. El principal centro de atención intelectual eran los problemas prácticos de la política y la sociedad, más que las especulaciones metafísicas. Las artes y la filosofía florecieron en China como nunca antes: los pensadores de las diversas Cien Escuelas de pensamiento desarrollaron numerosas tradiciones ideológicas distintas. Esta es la época en la que algunas de las mayores escuelas chinas (como el taoísmo, el confucianismo y el legalismo) fueron fundadas.

Esta situación llevó al Periodo de los Estados Enfrentados (476-221 a. C.), en el que siete Estados fueron los principales contendientes por el control y la unificación de China. Durante muchos siglos, China vivió inmersa en una situación de guerra, un desorden en el que ninguno de los Estados implicados era lo bastante fuerte para conquistar a todos los demás, pero muchos de ellos lo eran para romper ese orden.

Los Últimos Días de la Dinastía Zhou


La Dinastía Zhou llegó a su fin durante el Periodo de los Estados Enfrentados: en el 256 a. C., el ejército del Estado de Qin capturó la ciudad de Chengzhou y el último gobernante Zhou, el rey Nan, fue asesinado. El poder efectivo de los Zhou era tan pequeño que el final de la dinastía apenas fue notado. El Estado Zhou fue por tanto absorbido por el de Qin. La supremacía de los Estados de Qin, Qi y Chu era tan grande que por un tiempo pareció que China estaría dividida en tres para siempre. Sin embargo, el caos y la guerra prevalecieron y las batallas continuaron hasta que finalmente los Qin conquistaron a los demás Estados y unificaron China de nuevo en el 221 a. C., iniciando así la Dinastía Qin (221-206 a. C.).

Fuentes


Extraído y traducido de http://www.ancient.eu.com/Zhou_Dynasty/
  • China - Ancient History Encyclopedia definition.
  • Graham, A.C. By A.C. Graham - Disputers of the Tao. Open Court Publishing Company, 2000.
  • Hucker, C. China's Imperial Past. Stanford University Press, 1975.
  • Makeham, J. China: The World's Oldest Living Civilization Revealed. Thames & Hudson, 2008.