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Un tofet a las afueras de Cartago, una parte especial de un cementerio dedicada al enterramiento de niños, según Josephine Quinn. Fotógrafa: Josephine Quinn. |
Justo como insistían los propagandistas griegos y romanos, los cartagineses sí mataban a sus propios niños, enterrándolos con animales sacrificados e inscripciones rituales en cementerios especiales para agradecer favores de los dioses, según un nuevo estudio.
"Esto es algo que se rechaza como propaganda difamatoria porque en los tiempos modernos la gente simplemente no quería creerlo", dijo Josephine Quinn, una lectora de Historia Antigua en Oxford que ha trabajado junto a colegas internacionales en este estudio de uno de los temas más amargamente debatidos de la Arqueología Clásica.
"Pero cuando reúnes todas las pruebas (arqueológicas, epigráficas y literarias) son aplastantes y, creemos, concluyentes: sí mataban a sus hijos, y por lo que indican las inscripciones, no solo como una ofrenda por futuros favores sino cumpliendo una promesa hecha con anterioridad. Esto no era un suceso común, y debió tener lugar solo entre una élite porque la cremación era muy cara, igual que el ritual de enterramiento. Podría haber sido visto incluso como un acto filantrópico por el bien de toda la comunidad."
La discusión sobre el tema ha estado activa desde que los cementerios conocidos como tofets (en referencia a la descripción bíblica de un lugar de sacrificio) fueron excavados a principios del s. XX a las afueras de Cartago (Túnez), y después en otros yacimientos cartagineses de Sicilia y Cerdeña. Las tumbas contenían diminutos huesos cremados cuidadosamente guardados en urnas, enterrados bajo lápidas que daban gracias a los dioses. Uno tiene una talla que ha sido interpretada como un sacerdote portando el cuerpo de un niño pequeño. Algunos arqueólogos e historiadores vieron los hallazgos como la prueba que demostraba los antiguos relatos de sacrificio infantil; otros insistieron en que mostraban un tierno respeto por los hijos queridos que morían antes o poco después de morir.
Quinn y sus colegas, un grupo de arqueólogos e historiadores púnicos de Italia y Holanda, que publican sus hallazgos en la revista Antiquity (donde el debate ha seguido rumiándose durante varios años), rechazan completamente esa última teoría.
"Las inscripciones no dejan lugar a dudas: una y otra vez encontramos la explicación de que los dioses 'escucharon mi voz y me bendijeron'. No puede ser que tantos niños murieran casualmente en el momento adecuado para convertirse en una ofrenda, y en cualquier caso un niño enfermizo o muerto sería una ofrenda bastante pobre si ya te preocupa que los dioses la rechacen. Después está el hecho de que los animales de los yacimientos, que incuestionablemente eran ofrendas sacrificiales, están enterrados exactamente de la misma forma, a veces en las mismas urnas que los huesos de los niños."
Aunque se hallaron cientos de restos, eran demasiado pocos para representar a todos los niños abortados y muertos al poco de nacer en Cartago. Según Quinn, había quizá unos 25 enterramientos así al año en una ciudad de quizá 500.000 habitantes.
El historiador romano Diodoro y otros historiadores antiguos dieron descripciones gráficas del sacrificio infantil cartaginés: "Había en su ciudad una imagen en bronce de Cronos, extendiendo sus manos con las palmas hacia arriba e inclinadas hacia el suelo, de forma que los niños cuando eran colocados sobre ellas rodaban hacia abajo y caían en una especie de fosa llena de fuego."
Diodoro llegó a decir que algunos ciudadanos que compraban niños a los pobres y los criaba especialmente para sacrificarlos creían que habían sufrido desgracias por no haber sacrificado a su propia descendencia.
La discusión ha sido apasionada durante años, llegando a darse el caso de que los científicos alcanzaban conclusiones opuestas a partir de los mismos fragmentos de hueso: hace cuatro años un grupo de investigadores publicó un artículo diciendo que los restos cremados no indicaban un sacrificio infantil.
Ahora, en la misma entrega que la investigación de Quinn, Antiquity publica un nuevo artículo sobre los mismos huesos, insistiendo en que el anterior estudio se equivocó al estudiarlos y por tanto sobrestimó enormemente el número de niños muertos antes de nacer sobre el de los que eran asesinados en su infancia.
Quinn dijo que muchos de sus colegas académicos se quedaron en shock por sus conclusiones.
"El sentimiento de que algún tabú definitivo está siendo roto es muy fuerte. Fue impactante ver lo a menudo que mis colegas, cuando me preguntaban en qué estaba trabajando, reaccionaban con horror y decían 'Oh no, eso es imposible, tienes que haberte equivocado'. Nos gusta pensar que estamos bastante cerca del mundo antiguo, que eran realmente como nosotros; la verdad, me temo, es que realmente no lo eran."
Fuentes
Extraído y traducido de The Guardian. Artículo por Maev Kennedy.
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